“Cuando a las mujeres nos pica el bichito de la maternidad, somos capaces de hacer cualquier cosa”, confiesa nuestra autora sobre el camino que recorrió para convertirse en mamá de Elvira y Francisco a través de tratamientos de fertilidad.

Posponer la maternidad tiene su costo. No deberíamos esperar más allá de los 35 años. Menos mal gracias a los avances de la medicina reproductiva y a los tratamientos de fertilidad muchas hemos podido cumplir nuestro sueño de ser madres.

Siempre quise ser madre, lo soñaba, pero cuando me lo propuse se complicó. Tuvimos que aceptar la ayuda de la medicina reproductiva.

Por mis vínculos laborables enseguida accedí a una clínica y en menos de cuatro meses ya estaba felizmente embarazada de Elvira y Francisco.

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Pero lo mío fue bastante atípico. Consulté “joven” para el promedio de edad en que las mujeres lo hacen hoy, que es 38 o más años (yo tenía 31). Y nuestro caso fue de los llamados “sin causa aparente”. No había nada en concreto que nos estuviese impidiendo ser padres. Necesitábamos sólo un empujoncito, parece.

En general, la realidad de las parejas que consultan es otra, me aclaró la ginecóloga Rita Vernocchi, co-directora del Centro de Reproducción Humana del Interior de Uruguay: un poco más complicada.

El primer factor en contra está siendo la edad de la mujer que cada vez más pospone su maternidad en busca de un ascenso laboral, realizar un máster o el viaje. Y contra el reloj biológico los especialistas poco pueden hacer.

“La mujer tiene que saber que su mayor posibilidad de quedar embarazada y de que el embarazo llegue a término es antes de los 35 años. La edad óptima es a los 23. A medida que aumenta, bajan las probabilidades y sube el riesgo de aborto y de las enfermedades genéticas para su hijo”, explica Vernocchi. Posponer la maternidad tiene su costo.

Según Vernocchi, la gran mayoría de embarazos que se logran con mujeres mayores de 45 años es con óvulos donados.

La demora en consultar a un especialista en tratamientos de fertilidad es otro factor que juega en contra. En general se debe a varios motivos: accesibilidad, costos, miedos, y hasta un poco de vergüenza y orgullo.

¡Sí! Todos nos creemos fértiles. Tal vez por ello las mujeres nos pasamos gran parte de la vida evitando quedar embarazadas, tomando píldoras, sin saber si ovulamos o cuál es el estado de salud de nuestro aparato reproductivo.

Hasta que, de pronto, cuando queremos y no logramos quedar embarazadas naturalmente, nos enfrentamos a una realidad que duele.

Se siente bronca, dolor, miedo, nos preguntamos por qué a nosotros, y mucha frustración. ¿Por dónde empezar? ¿Qué hacer? ¿A quién recurrir? Cómo lidiar con los comentarios de familiares y amigos que no paran de preguntarnos: ¿Y…? ¿Para cuándo?

A todas esas situaciones bien incómodas se enfrentan las parejas que no pueden tener hijos y que son muchas: una de cada cinco. Contrariamente a lo que se piensa, no es fácil quedar embarazada.

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La especie humana es mala reproductora porque entre otros factores tenemos consciencia de lo tan ansiado que buscamos, un hijo, la descendencia, lo que viene cargado de muchas emociones en el plano del inconsciente.

Esto es algo que la licenciada en psicología Yannina Otero conoce muy bien y desde donde trabaja día a día para que las parejas transiten este camino con menos ansiedad y angustia.

Otero describe cuatro cosas fundamentales que no pueden faltar en este camino: una buena comunicación con los profesionales, la asistencia terapéutica especializada en temas de fertilidad, el conocimiento de los procedimientos a realizarse, y una relación de pareja sólida.

Según Otero, es habitual que la mujer tiende a transformarse en una “guardiana emocional”, intentamos proteger las emociones de nuestra pareja. El hombre, en cambio, es más instructivo, práctico, toma decisiones y actúa en consecuencia.

Esas formas diferentes de procesar las emociones del hombre y la mujer no deben tomarse como un problema. Que el varón no exprese su dolor, o no tenga las mismas ganas de hablar, no quiere decir que no sufra o no le interese lo que está sucediendo.

¿Cuándo consultar a los especialistas?

Si la mujer tiene menos de 35 años se espera un año mientras se lo intenta naturalmente. Luego, no más de seis meses. La edad del hombre no es tan determinante como la de la mujer, pero ahora se la está teniendo más en cuenta. Antes se decía que el varón nunca perdía su capacidad reproductiva, pero ahora se sabe que a partir de los 50 baja la calidad de los espermatozoides.

Una vez que comenzamos con las consultas, tenemos que aceptar que ese médico va a dirigir nuestra vida más íntima, indicándonos cuándo (o no) hacer el amor, medicamentos y estudios que serán muchos más invasivos y molestos para nosotras que para ellos.

Para los hombres basta un espermograma (muestra de semen que se obtiene por masturbación) para conocer cómo están sus espermatozoides. Nosotras vamos a pasar por muchas más cosas.

Pero todo vale la pena. Cuando nos pica el bichito de la maternidad, las mujeres somos capaces de hacer de todo. Algunas tendremos suerte y los tratamientos de fertilidad nos ayudará a cumplir nuestro sueño. Ojalá haya más historias como la mía.