Nuestra autora entrevistó a la ginecóloga Anexy Doria para conocer cuáles son los problemas de fertilidad más comunes para una pareja  y cómo solucionarlos.

Querer convertirse en mamá genera ansiedades, sobre todo si se sabe o se sospecha de problemas hormonales o del aparato reproductor. Aunque la obesidad o los trastornos menstruales, y condiciones tan comunes como la hipertensión, diabetes, hipotiroidismo o el síndrome de ovarios poliquísticos podrían anunciar un problema de fertilidad, solamente luego de doce meses continuos de intentar infructuosamente quedar embarazada sería necesario acudir con especialistas.

La doctora Anexy Doria, ginecóloga, nos explica que las otras patologías que más afectan a sus pacientes son, en las mujeres, la endometriosis, miomatosis, infecciones vaginales y del cuello uterino y enfermedades autoinmunes llamadas colagenopatías (lupus, por ejemplo); en los hombres, la azoospermia (falta de espermatozoides en el semen) y la teratospermia (espermatozoides con algún defecto).

Una vez pasado ese año, la pareja sería remitida a una consulta de fertilidad donde los tratamientos de baja complejidad son la primera opción.

Este abordaje comprende soluciones como el control y medicación de algunos de estos problemas de base, pasando por la programación de las relaciones sexuales y estimulación de la ovulación mediante medicamentos, hasta procedimientos como la inseminación. Todo esto suele hacerse monitoreando el ciclo menstrual de forma casera o con ecografía, según sea el caso.

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Sin embargo, existen muchos prejuicios que indisponen a las parejas que enfrentan algún grado de infertilidad ante los tratamientos de baja complejidad.

La doctora Doria, quien dirige actualmente la unidad de tratamientos de fertilidad de baja complejidad del Hospital Coromoto en Maracaibo, Venezuela, responde: “Los tratamientos de baja complejidad pueden tener tanto éxito como los de alta complejidad”, solo que unos y otros están indicados para distintos problemas, la cuestión está en aplicarlos de forma oportuna.

Además explica que “existen causas de infertilidad que por ser sencillas no son diagnosticadas y pasan desapercibidas. Se deben descartar patologías sencillas antes de pasar a tratamientos de alta complejidad evitando perder tiempo, dinero y desestabilizar emocionalmente a la pareja”. Añade que la efectividad de los tratamientos de baja complejidad aumenta si la pareja ha asistido previamente a control pre-concepcional.

Como la educación sexual de la escuela y la proveniente de la familia y amigos deja mucho que desear, se crean muchos mitos en torno a la fertilidad.

La doctora Doria en su consulta se encuentra con creencias falsas y contraproducentes como que el ron de acurito (curí o cobayo) o “la miel de guaro” (preparación a base de miel de abeja sin aguijón y hierbas) van a contribuir a que quedes embarazada. Por eso reitera que no existe una fórmula mágica para quedar embarazada sino que se trata de hacer confluir varios factores.

De la misma manera, un consejo bienintencionado pero errado que reciben sus pacientes y que la ha sorprendido es lavarse la vagina luego de las relaciones sexuales, lo cual desestabiliza el PH vaginal, es completamente innecesario y se arraiga en la idea prevalente de los genitales femeninos como intrínsecamente sucios.

Durante gran parte de la vida se nos prepara para la anticoncepción, para suponer que quedar embarazada es lo más fácil del mundo y por eso las parejas que se topan con algunos contratiempos para lograrlo suelen sentir una profunda decepción o culpa.

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Es importante eliminar los estigmas que rodean los tratamientos de fertilidad y que desaniman a muchas parejas de buscar ayuda, entre ellos el sesgo de que lo natural es necesariamente mejor.

Los tratamientos de fertilidad pueden presentarse de muchas formas y hay uno apropiado para cada caso. A veces el camino entre el óvulo y el espermatozoide es más largo que 15 centímetros y eso también está bien.