Adoptar es una decisión que cambia la vida. Aquí te contamos cómo transformó el camino de una pareja, de una joven adoptada y de los mismos funcionarios que participan en estos procesos.

En el mundo hay historias que convergen, distintas realidades, motivaciones y diferentes puntos de vista acerca de formar una familia. En unas historias los hijos nacen, pero no se les puede dar el amor ni cubrir sus necesidades más básicas. En otras, estos hijos son anhelados con todas las fuerzas del corazón, pero no llegan. Es justo en este momento cuando el camino de la adopción empieza para muchas familias.

Adoptar es un acto de valentía, de respeto y de amor hacia la vida. Lo más importante es poder garantizarle a un ser humano ser amado, respetado y lleno de gracia, a pesar de las circunstancias que hayan rodeado su nacimiento.

Este es el caso de Liliana Castro y Jan Valest, una pareja que decidió emprender este camino y adoptar. Liliana siempre deseó ser madre, pero algo sucedía con su sistema inmune que no le permitía un feliz término para sus cuatro intentos de embarazo. Por eso después de acudir a especialistas en fertilidad, hacerse los exámenes de rigor, ella y su esposo Jan, decidieron llenarse de valentía.

“Todavía recordamos el momento en que nos miramos en silencio, y sin hablarnos sabíamos que era la hora de parar la búsqueda y emprender el sueño por el camino de la adopción.  Queremos aprovechar el momento en que nos sentimos plenos de juventud y de energía, en que hemos decidido irreversiblemente no continuar con exploraciones médicas, en que hemos aceptado serena y maduramente el hecho de no poder ser padres biológicos”, explican.

Liliana y Jan decidieron que su felicidad iba a estar más completa al poder cambiar el futuro de un niño. Lo esperan con la esperanza y la fe de que llegará en el momento más perfecto de sus vidas.

Iniciaron el proceso de adopción hace ocho meses y ya están en la etapa final, esperando la buena noticia de que él o ella llegue a sus vidas.

Lo único que esta pareja desea “es que sea un niño sano sin ninguna otra exigencia”. Están dispuestos a inculcarle valores, moldear su carácter, mostrarle el camino correcto y corregirlo con amor y dedicación.

Para ambos “adoptar será la cumbre de su felicidad como pareja, hacer feliz a un niño o niña que en algún lugar espera que lo amen, lo valoren y le dediquen tiempo de calidad, la calidez y seguridad que todo niño o niña merece para crecer y desarrollarse como un ser humano valioso para la sociedad”.

Para entender cómo esta familia se ha acercado a este proceso y al contexto de la adopción, Alicia Pertuz, una abogada de familia colombiana explicó cómo funciona. De acuerdo con la abogada, según la ley colombiana país, la adopción es una medida de protección a menores de 18 años que se encuentran en estado de vulnerabilidad o aquellos niños, niñas y adolescentes cuya adopción ha sido consentida por sus padres biológicos.

Cuando un menor es adoptado, sale de su familia consanguínea y entra a formar parte de la familia adoptante como si fuera un consanguíneo de ésta, es decir, tiene los mismos derechos que un hijo biológico.

Es un proceso con un compendio legal fuerte que lo respalda. Por este motivo al adoptar, los padres deben estar convencidos de asumir un compromiso ético, emocional y legal con el nuevo miembro de la familia.

Un caso memorable fue el de una pareja de extranjeros alemanes que tocaron la puerta de Annie Castro, exfuncionaria defensora de protección y encargada de regular los procesos de adopción en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Esta familia buscaba un bebé que tuviera un perfil físico parecido al padre y lo encontraron. Era un bebé con una historia de salud compleja y aún bajo esas condiciones lo adoptaron: “Nos sentimos felices de que nos dieran la oportunidad de ayudarlo y sacarlo adelante”, dijeron.

Y como este bebé, hace 28 años una joven colombiana tuvo la fortuna de ser adoptada a los pocos días de nacida, por una familia que desde el primer día habló del tema le demostró su amor incondicional y gratitud por permitirles convertirse en padres.

“Siempre he pensado que  he sido una afortunada, por tener la oportunidad de vivir y ser recibida por una familia que sí desea que yo sea parte de sus vidas. Hay muchos hijos biológicos no esperados, hijos con padres que no reciben amor ni apoyo emocional y otros muy afortunados como yo, que recibimos la vida a través de un medio que fueron mis padres biológicos y que la vivimos gracias al amor de mi familia real que me da todo lo que necesito para ser feliz”, dice.

¿Qué pasa en América Latina?

Colombia es uno de los países de Latinoamérica con mejores prácticas en el proceso de adopción, sin embargo, entre 2016 y 2017 se registró un mínimo aumento del dos por ciento en la concepción de adopciones.

México, país que ocupa el segundo puesto en Latinoamérica con mayor número de niños huérfanos, tiene más de 30.000 niños que viven en albergues y están esperando ser adoptados.

En Ecuador se conceden entre 160 y 180 adopciones al año ante más de 450 solicitudes.

En Chile mientras en 2012 más de 600 chicos fueron adoptados para 2016 sólo 473 consiguieron una familia.

No sé cual sea tu caso, ni cual el interés al haber leído este artículo, sólo quiero transmitirte que para dar amor solo hay que estar convencidos de que el mundo lo necesita, lo esta pidiendo a gritos.

Así que si conoces a alguien adoptado, celebra su vida y agradece la oportunidad que recibió de un mejor futuro.

Si has pensado que no estás listo en este momento para mantener con una vida plena a un chico, dale la oportunidad de que pueda tener un futuro mejor. Si has pensado esta opción en algún momento para sentirte pleno y realizado en tu historia de familia, ¡adelante! Llénate de valentía, coraje y amor incondicional para que alguien que está esperando por ti tenga la dicha de vivir a plenitud.

Por último, si tienes la fortuna de haber nacido rodeada del amor de tus padres agradécelo a diario y disfruta al máximo de la bondad de la vida.