Te contamos cómo y cuándo utilizar fajas durante el embarazo, de acuerdo con una ginecóloga, un cirujano plástico y una fisioterapeuta de piso pélvico.

Sobre las fajas hay muchos mitos y verdades. Algunas veces el consejo de usarlas viene de un familiar o por recomendación médica. Lo cierto es que cada embarazo es diferente y, por lo tanto, cada panza también.

Respondemos algunas de estas preguntas a partir de algunos testimonios, opiniones de expertos y recomendaciones generales.

Un buen combo en la prevención de estrías

 Las fajas para embarazo, acompañadas por una buena crema antiestrías, como Luciara, son un buen combo para la prevención de las estrías.

La faja de sostén se acomoda en la parte inferior de la barriga para ayudar a aliviar el peso de la barriga y así disminuir los dolores de espalda, dar estabilidad a la columna y evitar el desgarre de la piel.

Durante el embarazo se segrega una hormona conocida como relaxina que ayuda que se relajen los ligamentos para que el bebé crezca y la pelvis pueda ensancharse y ser flexible durante el parto. Para algunas mamás esto significa un poco de dolor desde la segunda semana de gestación. La faja se utiliza como soporte externo temporal de la pelvis para que no duelan esos ligamentos. Por ejemplo, una mamá que su actividad laboral implica desplazamientos o estar de pie requiere de una faja para que sus músculos tengan un soporte lumbar temporal, explica Bibiana Martínez, fisioterapeuta especializada en rehabilitación de piso pélvico de la Universidad del Rosario de Colombia.

Esta faja de sostén no tiene contraindicaciones, contrario a las fajas como prenda de control de uso diario. “Las fajas ajustadas y que se usan tradicionalmente con propósitos estéticos para evitar que se pronuncie la barriga, no son convenientes porque oprimen el abdomen y el útero dificultando la circulación útero placentaria”, dice Magally Abella médica especialista en ginecología y obstetricia.

La faja debe utilizarse a partir del tercer trimestre del embarazo, cuando hay más líquido amniótico acumulado, para que durante la actividad y movimiento la mamá tenga un soporte para que la panza no rebote, no se mueva tan fuerte y los músculos no se desgarren.

Recuerda mantener siempre la piel hidratada.

Y tú qué opinas, ¿usar o no usar faja? Cuéntanos tu experiencia. 

¿Y en el posparto?

Cuando salí del hospital, dice Juliana Achury, “llevaba puesto un corsé médico, previamente autorizado por mi doctor. Lo utilicé dos semanas, después compré una faja que iba de debajo del busto a arriba de la rodilla. Un mes después, me puse una faja más pequeña desde abajo del busto a los tobillos, cuando ya estaba menos hinchada y casi en mi peso inicial. Con la faja recuperé la fuerza en la pared abdominal. La verdad me ayudó mucho porque cuando tuve a Teo, mi hijo, sentía que todo estaba a punto de salirse, sentía el estómago en la espalda y la faja da sensación de alivio”.

En el posparto la mamá puede empezar a usar fajas para recuperar la firmeza de la barriga. Si pasó por una cesárea, una vez quiten los puntos y cicatricen, es decir, unos 20 días después del parto, pueden fajarse para mejorar ayudar al músculo a volver a su lugar.

Durante el puerperio las fajas tienen el propósito de recoger la piel, pero debe ir acompañadas de una asesoría médica del ginecólogo para indicar el momento de iniciar actividad física para que el músculo se recupere y la piel ser recoja. Eso sí, la faja no reemplaza el ejercicio.

También pueden tener contraindicaciones. Camila Patiño, mamá primeriza, nos dijo: “aguanté esa panza a puro pulmón y eso que, durante el embarazo, y por el peso del bebé, me la recomendó la ginecobstetra por si me llegaba a doler mucho la espalda. En el posparto tampoco las utilicé porque me dijeron que puede tener efectos a largo plazo en el piso pélvico”.

Esto sucede, por ejemplo, cuando la placenta ha presionado la vejiga de la mamá durante el embarazo. Por eso, en cualquier caso, es mejor consultar a un médico antes de usar una faja en el posparto.