Cuando pensamos en quedar embarazadas lo primero que se viene a nuestra mente es la idea de que seremos marcadas, no solo de una manera emocional, sino también físicamente. Si bien algunas mujeres pueden evitar la cesárea, aún queda el desafío de superar las temibles estrías.

Y es que hablar de las estrías es un tema tan lleno de mitos que se ha vuelto casi una costumbre en las conversaciones de embarazadas.

Lo que debemos entender es que las estrías no solo aparecen durante la gestación, sino en aquellas situaciones cuando la piel tiene que estirarse de forma repentina, como en la adolescencia, cuando el crecimiento es rápido; generalmente en los varones se ven estas marcas en la espalda baja y glúteos. También cuando subimos de peso de forma descontrolada y la piel se ve obligada a extenderse hasta quedar delgada y sufrir lesiones dejando marcas decoloradas en la piel; y en el caso del embarazo no es solo en el vientre, también en los glúteo, las piernas y los senos.

Mi mamá, Isabel Gianella, a los 27 años dio a luz a dos preciosas gemelitas, Mi hermana Esther y yo. Si algo podemos imaginar de un embarazo de gemelos es que todo es al doble. La pancita de mi mamá era enorme.

Inevitablemente tuvo también el doble de estrías. Aun después del embarazo mi mamá conservaba una figura envidiable, pero por las marcas del embarazo decidió decir adiós a los trajes de baño de dos piezas.

“Fue terrible ver como mi pancita crecía descontroladamente y aparecían tantas estrías en todas partes, no solo en el vientre. Permanecieron ahí aun después de dar a luz. Ya no estaba tranquila, ya no me miraba en el espejo con tanto gusto como lo hacía antes y evitaba las situaciones en las que tenía que usar traje de baño. Y si lo usaba me sentía muy incómoda, al grado de no poder disfrutar de la alegría y la diversión familiar”, cuenta mi mamá, Isabel.

Cuando mi hermana y yo estábamos graduándonos de la secundaria, llego mi hermanito. Mi mamá dio a luz a los 44 años a Samuel. Como habíamos leído bastante sobre la gestación tratábamos de cuidar a mi mamá y a su pancita, pero las estrías fueron inevitables, solo que esta vez su actitud cambió y decidió disfrutar cada momento de la satisfacción de ser madre y ahora era ella quien organizaba los refrescantes paseos familiares.

“Las estrías son lo más traumático del embarazo, el dolor del parto se olvida, la cesárea se supera, pero ver mi cuerpo marcado como si hubiera sido mutilado es el mayor dolor que tengo que enfrentar cada día”, asegura mi amiga Linda, muy linda por cierto. “Lo único que me puede hacer olvidar estas marcas es el abrazo, el cariño de mis hijos y sus dulces palabras ya que para ellos sigo siendo la mujer más hermosa del mundo”.

A pesar de traumarse con la idea de no tocarse la pancita y de no rascarse para evitar las estrías, durante su primer embarazo mi hermana perdió la batalla contra las estrías. Incluso después de usar guantes de cocina todas las noches al acostarse, para no rascarse de forma involuntaria. “En mi primer embarazo me cuide al grado de estar pensando día y noche en estrategias para evitar las estrías al punto de que no tuve oportunidad de disfrutar mi embarazo, ni presumir mi hermosa pancita”, explica. “En el babyshower no dejé que dibujaran la carita del bebe en mi barriga como era costumbre, y hasta quedé de engreída, pues no pude explicar la vergüenza que sentía de solo pensar que verían mi cuerpo tan marcado, parecía un monstro”, se lamenta.

Hoy está nuevamente embarazada y usa la crema antiestrías Luciara , y para ella ya hay una luz al final del camino. Comenzó luego de que yo la encontrara en el mercado, en mi búsqueda incansable de una solución a los traumas femeninos y mitos de los cambios irreversibles que produce el convertirnos en madres.

Fue así como logré una experiencia fue más relajada en mi embarazo. Aproveché Luciara para que mi esposo me diera masajes antes de dormir, y resultó divertido, por decirlo de una forma apta para todo público.

Hoy me miro frente al espejo y confirmo que no puedo controlar todas las cosas que me puedan o no suceder, pero sí puedo decidir cuál será mi actitud frente a esta situación. Y sé que ahora tengo dos opciones: dejar que mi mente tenga presente la imagen del espejo y sentirme limitada en ser y hacer lo que antes de ser madre disfrutaba; o decidir crear una imagen de quien quiero ser para mi hijo y mi esposo, basada en lo que yo soy y no en cómo me veo.

Para ellos soy más hermosa y más valiosa de lo que incluso puedo imaginar, y sin duda eso es lo que cuenta para mí.

Y tú, ¿cómo has superado las temibles estrías?