“Meses después de que mi bebé llegara y pusiera mi vida de cabeza, es momento de recordar con ternura estar embarazada”, escribe nuestra autora.

El embarazo es un momento de mucha vulnerabilidad, lleno de molestias tan únicas como barrigas hay –o hubo– en el mundo (eh, el mío tampoco estuvo libre de complicaciones). Cuando tengas tiempo de voltear, por más satisfecha que estés entonces de ti misma verás alguna nostalgia. Estas son las mías:

1. La imposible soledad

Casi todas las personas que me veían embarazada me preguntaban si le “hablaba” a mi “bebé”. Pongo ambas cosas entre comillas porque al principio me costaba entender a mi embrión o feto como un bebé y porque poco después de empezar se me encendía el sentido del ridículo, seguro parecía la loca de los monólogos.

A los cinco meses empecé a sentir que algo se movía y luego a escuchar música sin audífonos con más frecuencia y a leer en voz alta y a cantar siempre las mismas canciones… ya me salía natural y no me sentía sola. Claro que ahora tampoco estoy sola jamás (de vez en cuando quisiera), pero extraño estar haciendo lo mío y sentir la compañía sui generis que solo puede ofrecer alguien más in utero.

2. La primera ecografía

Reitero, durante todo el embarazo me costó imaginarme al bebé. El primer eco lo hice más o menos a las ocho semanas. Aunque todavía dudaba de si había tomado la decisión correcta, ver ese frijolito titilante en la pantalla me dejó una alegría completamente surreal acompañada de un vacío en la panza. Yo misma estaba empezando a fabricar el sistema circulatorio de otra persona. Perdí la impresión de esa ecografía en particular en alguna consulta antes del parto y lo lamento mucho porque cada tantos días lo sacaba de la carpeta donde estaba guardado para verlo y tratar de repetir esa sensación.

Te puede interesar: Ecografía durante el embarazo: ocho cosas que hay que saber. 

3. La calma durante la siesta.

Me refiero a MI siesta. Creo que esto se explica solo. Gestar un ser humano es costoso, metabólicamente hablando. ¡Qué divino poder darle a tu cuerpo una siesta a las 4:00 PM cuando está plácidamente cansado y te lo pide!

4. Los sueños

Hay un vínculo comprobado entre el embarazo y el aumento en la frecuencia y la lucidez de los sueños. Siento como si hubieran sido mensajes que me dejaba a mi misma y rara vez sueño ya. Simplemente no duermo suficiente tiempo como para llegar a esa parte.

5. La vitalidad del segundo trimestre

Para mí el segundo trimestre fue el mejor. Estaba lista para comerme al mundo, apenas sentía ninguna incomodidad, me crecieron los pechos, me brillaba la piel, todos los días amanecía sintiéndome protagonista de un comercial de champú.

6. El apetito del tercer trimestre

En este punto me quería comer al mundo. Lejos estaban los desmayos del primer trimestre, el plato más humilde de legumbres me sabía a que lo hubieran cocinado los mismísimos dioses. Todavía tengo hambre, la lactancia da mucha hambre, pero nada me parece igual de exquisito que lo que comía en aquel momento.

7. La expectación pre-parto

Se habla mucho de la “dulce espera” pero nadie habla de la angustiante, ansiosa, descompuesta o exasperante espera, y disfruté mucho sentirla. En las horas que vienen inmediatamente antes del parto no tienes tiempo de seguir meditando si quizás tu bebé va a ser ingeniera o cocinero o si le va a gustar bailar merengue.

No eres la tierna y sentimental embarazada estereotípica (igual probablemente nunca lo fuiste) sino que, en el mejor de los casos, cada fibra de tu ser está volcada a expulsar este bebito de tu cuerpo. Esa pulsión, esa urgencia visceral, me hizo sentir inmensamente fuerte y poderosa.

Nueve meses después del parto puedo sentarme a respirar un poco y ahora veo que el embarazo fue un puente entre aquella persona que yo era y la yo actual, un puente que iba transitando y construyendo a la vez, con los materiales que tenía a mano, fueran o no los mejores.

Qué metáfora barata ¿No es así todo en la vida? Sí, algo, pero nunca antes había podido señalar tan claramente un antes y un después, ni nunca antes un ritual de paso me dejó con un resultado tan visible y patente. Ahí está mi hija.

Y tú, ¿Qué es lo que más extrañas de tu embarazo?