El plan de parto es una herramienta clave para parir con la certeza de que nosotras tomamos las decisiones en este día inolvidable.

Soñar no cuesta nada. Planificar menos. Y esas son dos cosas que a las embarazadas nos encantan. Y que para cumplirlas está el plan de parto.

Yo no tuve un plan de parto. Ni sabía que existía. Y según lo que investigué, aquí en Uruguay estamos lejos de que sea una costumbre, porque además no está en el protocolo de atención.

Marta Arcieri, obstetra y partera, me cuenta que son pocas las embarazadas las que llegan el día del parto con sus deseos escritos en un plan. Pero cuando sucede y los profesionales explican que se las respetará, escucharán sus deseos y que nada se hará sin su consentimiento, se tranquilizan y dan cuenta que eso es lo que estaban buscando.

Y sí, un plan de parto no es otra cosa que reclamar que se respeten nuestros deseos y derechos, y que no nos hagan cosas que sabemos ya son del pasado. En esa lista entra el enema, el rasurado o la episiotomía de rutina, que no nos permitan caminar durante el trabajo de parto o ingerir líquidos.

Pero, ¿qué es en concreto hacer tu plan de parto? Escribir cómo quisiéramos vivir ese momento. Tiene un poco de soñar. Pero un sueño que debería ser flexible y real, no hay que pedir lo imposible.

Al final, siempre es el personal de salud quien tendrá la última palabra evaluando si es posible y compatible con nuestra salud y la del bebé. Hay que recordar que los partos son impredecibles.

Imaginar un plan de parto me parece un ejercicio lindo para compartir en la intimidad de la pareja, más allá de si al final se cumpla o no, o nos animemos a presentarlo en la maternidad.

Implica hacer un balance entre lo que nos gustaría y la realidad de nuestro entorno. Por ejemplo, en Uruguay, por más que queramos parir en el agua, los hospitales no están preparados para eso.

Recuerdo la historia de María José, una amiga que luego de un primer parto no muy feliz, para el segundo quería estar más preparada. Escuchó hablar sobre el plan de parto en esas rondas de información que se dan entre las embarazadas, se animó a planteárselo a su ginecólogo y, decidida, lo enseñó al ingresar a la maternidad con toda la documentación.

En su plan de parto reclamaba que no intervinieran para romper la bolsa de las aguas (procedimiento que los médicos a veces realizan como rutina para acelerar el nacimiento), la dejaran caminar libremente (incluso si rompía la bolsa de las aguas, ya que a veces supone la indicación de permanecer acostada), que le permitieran usar la pelota de parto, que su intimidad fuera respetada lo más posible y pudiera escuchar esa música que tanto disfruta. Una lista nada pretenciosa.

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Otras cosas que pueden incluirse es solicitar no usar la ropa del hospital sino llevar la propia (en esa caso debería ser estéril), tener libertad en las posiciones durante el parto y la restricción de los tactos vaginales al mínimo posible.

Muchos discuten el valor legal del plan de parto. Y no hay nada certero. En todo caso, si no tiene las condiciones para serlo, debería, por lo menos, tener una implicación moral para el personal que lo recibe.

Justamente esa puede ser una de sus utilidades, que conozcan lo que queremos, y nos lo puedan cumplir mientras no conlleve riesgos. Todos contentos.

¿Para qué? ¿Qué valor tiene? ¿Vale la pena hacerlo? Son las preguntas que igualmente pienso. Tiene de positivo que una mujer que se interesa y cuestiona cómo quisiera vivir su parto, va a informarse e investigar, herramientas fundamentales que dan poder y nos hacen protagonistas.

Antes, cuando los partos eran en nuestras casas, los planes se reducían a tener organizado quién iría a buscar a la partera, los familiares que acompañarían, asegurarse el agua caliente, no mucho más. Con la instauración de los partos en hospitales con sus protocolos y rutinas es que llegaron estos nuevos planes.

Si desde los centros de salud los reciben como una herramienta para conocer nuestros deseos y para mejorar, bienvenidos sean. El tema es animarnos. El temor al qué dirán siempre está ahí, pensamos que el personal de salud sabe lo que hace y que expresar qué es lo que nos gustaría no nos pertenece. Pero ¿por qué no? Y si para eso necesitamos dejarlo por escrito en un plan bienvenida sea esta forma de comunicarnos y soñar.

¿Sabes hacer un plan de parto? ¿Has hablado con tu médico sobre este mecanismo? Cuéntanos en los comentarios.