El deseo sexual va y viene durante el embarazo y posparto. Lo importante es privilegiar el diálogo y derrumbar mitos y temores infundados.

Para hablar de sexualidad en el embarazo debemos comenzar por aclarar que el embarazo, el parto y el puerperio son eventos sexuales. ¿Por qué sexuales? Porque hay hormonas y órganos sexuales involucrados en el proceso. Estos tres momentos son eventos mamíferos y al verlos de esa manera encontramos una mirada más natural e instintiva.

Al ver este proceso como un evento sexual, podremos entender que las relaciones sexuales son completamente naturales, y que el apetito sexual tiene variaciones. La mayoría de los estudios confirman que hay disminución del interés en el primer y tercer trimestre.

Es normal que al comienzo cuando tenemos nauseas y la maluquera que caracteriza el primer trimestre del embarazo, nuestro apetito sexual esté bajo. A esta etapa hay que sumarle las incontrolables ganas de dormir. Y en el tercer trimestre, estamos cansadas, más ansiosas, la barriga está grande y generalmente el apetito sexual vuelve a disminuir.

Otras causas de la disminución del apetito sexual pueden ser el crecimiento y congestión de las mamas. Una mayor sensibilidad al dolor puede afectar la función como zona erógena; hay mayor vascularización de los órganos pélvicos, por lo que se puede presentar una mayor lubricación vaginal durante el periodo de excitación, y la fase de tensión sexual que antecede el orgasmo puede ser más larga (lo que significa que muchas mujeres sienten que les cuesta mucho llegar al orgasmo); hay hinchazón y congestión en la pared vaginal, además del aumento del volumen del útero, por lo que puede haber incomodidad para la mujer durante la penetración del pene.

Además, algunas mujeres pueden percibir contracciones uterinas durante la fase orgásmica, que pueden durar hasta un minuto. Generalmente estas contracciones son indoloras y no presentan características necesarias de dilatación del cuello uterino.

En el segundo trimestre, en cambio, los mismos estudios señalan que el apetito sexual puede aumentar, pues nos sentimos más activas, ya tenemos más certeza de nuestro embarazo.

Aun así, durante todo el embarazo puede ocurrir una disminución progresiva del deseo sexual. Aunque una parte reducida de las mujeres presenta aumento del apetito sexual y en la frecuencia de orgasmos.
Estas variaciones en la líbido pueden afectar la sexualidad, así como los cambios fisiológicos propios del embarazo. También preocupaciones con la autoimagen y deseo del otro. Esto puede ser muy normal, algunas mujeres se sienten cómodas con los cambios, mientras que a otras les cuesta aceptar la transformación de su cuerpo y el aumento de peso.

Así mismo, durante el embarazo muchas mujeres comienzan a experimentar contradicciones entre el rol de madre y el rol de mujer. Se confunden, ya que tenemos como referencia una imagen muy virginal de lo que es el embarazo. Esto también le puede suceder a los hombres, la forma en que ven a su mujer cambia, ya que la ven como mujer virginal. “Cuando la barriga creció, la comencé a ver con otros ojos, me parece tierna y hermosa, mi bebé está dentro de ella, eso me aleja de desearla como antes”, aseguró Felipe C. (36)

Entre los mitos, miedos y supersticiones frecuentes en el embarazo, también se encuentra el temor de los hombres a hacerle daño al bebe durante la penetración. “La verdad es que prefiero no tener relaciones sexuales con mi esposa, me da mucha impresión que pueda hacerle daño al bebé”, me dijo Manuel Z. (35). Sin embargo, este es un temor infundado, pues el bebé está totalmente protegido por la barrera placentaria y digámoslo así: no hay pene tan grande y tan largo que alcance al bebé.

En uno de los estudios sobre sexualidad durante el embarazo de Solberg y Cols (1973), las gestantes que observaron alteraciones en el comportamiento y respuesta sexual, atribuyeron esos cambios a los siguientes factores: incomodidad física, 40%; miedo de causarle daño al bebé, 27%; pérdida del interés, 23%; torpeza durante el coito, 17%; recomendación del médico, 8%.

Todos estos aspectos que acabamos de mencionar son normales dentro del embarazo, lo que no es normal es “la muerte” del apetito sexual. “Durante el embarazo ocurren algunas alteraciones fisiológicas que pueden interferir en la respuesta sexual, pero no justifican la eliminación de la actividad sexual.”, escribieron Masters y Johnson en sus estudios de la sexualidad en en ciclo embarazo- puerperio (1966).

Hay que reconocer que existen necesidades reales de abstinencia sexual, como un historial de abortos, hemorragias importantes, placenta previa, ruptura prematura de la bolsa amniótica. Cuando existen estas indicaciones médicas reales, se le recomienda a la pareja encontrar otros caminos de intimidad y expresión de amor: el afecto, el contacto físico y las caricias, son fundamentales para el contacto íntimo de los futuros padres siga vivo.

La sexualidad en el posparto

“Creo que nada cambió. Ella siempre cansada y yo siempre con ganas. Es mi mujer, me encanta en todos sus estados”, me dijo Diego O. (40).

¿Entonces cuándo volver a tener relaciones sexuales después de que nace el bebé?

El posparto son esos 40 días que se dice necesita el útero y el cuerpo para volver a su lugar. Son la cuarentena, lo que antes era conocido como el periodo en que las mujeres cuidaban a la nueva madre y ella se dedicaba cuidar a su bebé y fortalecer el vínculo. Laura Gutman, en su libro ‘La Maternidad y el encuentro con la propia sombra’, escribe: “un buen día nace el primer bebé. Sabemos que es difícil criar niños, que dan mucho trabajo, que el cuerpo tarda en reacomodarse después del embarazo y el parto… pero suponemos que pronto todo volverá a ‘ser como antes’. La mayor sorpresa irrumpe cuando el deseo sexual no aparece como estábamos acostumbradas. Nos sentimos culpables, sobretodo cuando el obstetra nos da el ‘permiso’ para reanudar las relaciones sexuales, para alegría del hombre que, con cara de satisfacción, nos guiña el ojo susurrándonos al oído: ‘Ya no tienes excusas’”.

Los que siempre les digo a las parejas que acompaño es que cada cuerpo y cada posparto es diferente, la única forma de saber cuándo retomar las relaciones sexuales es por medio del diálogo. Las mujeres en posparto necesitan ser abrazadas, contenidas, entendidas y acompañadas por su pareja, en cuanto la pareja más entienda esto, con más tranquilidad la mujer va a querer esa intimidad de pareja.

“Recuerdo con pavor los primeros meses. Estaba cansada, mis tetas estaban llenas de leche, todo me dolía, todo me costaba mucho y mi marido me estaba pidiendo a gritos tirar conmigo. Yo no quería. No sentía ganas. Solo quería conocer a mi bebé, sentirme tranquila y sin la presión de ‘ser amante’. No fue posible, él nunca lo entendió, tanto que me sentía obligada e invadida. Lo peor fue el día –al mes de nacida mi bebé– que él me dijo que le iba a tocar conseguirse otra. Sentí tristeza, ese día lo vi como un niño y no como el hombre que necesitaba a mi lado. Solo le digo a los hombres que miren hacia adelante, entre más permitan que la madre se conecte con su hijo, mejor va a estar todo en el futuro. Nosotras necesitamos abrazos fuertes y amorosos. Que nos permitan explorar el ser madres y si nos lo permiten, siempre les daremos ese lugar del hombre de nuestras vidas”, Mariana R. (37)

Todo es cuestión de entender los procesos y de ver el embarazo, parto y posparto, como esos momentos mamífero que son, en el que la madre sufre cambios fuertes, y por su parte el hombre se sigue sintiendo viril o no. Es una etapa que requiere mucho diálogo, en el que hablarle al otro de cómo nos sentimos y respetar los tiempos y necesidades del otro es clave. No olvidemos que lo que diferencia la relación de pareja de las otras relaciones es el contacto sexual, por eso debemos cuidarla y respetarla.