“No sientas vergüenza de pedir parir sin dolor”, afirma nuestra autora sobre el uso de la epidural en el parto.

Yo no sé lo que son los dolores de parto porque a mis mellizos los tuve por cesárea. Me considero una mujer fuerte, pero quizás me hubiera tentado a pedir la epidural. Si puedo no sufrir dolor, para qué sufrirlo. Felicito a las valientes que se animan, pero, a veces, me cuesta entenderlas.

Parir duele, no nos digamos mentiras. Algunas dirán que fue el dolor más lindo de sus vidas, que apenas lo sintieron, que se les olvidó al instante de conocer a su bebé o que ya no se acuerdan. Pero eso es otra cosa: amor de madre.

Parir duele. Podrá ser mucho, un poco o casi nada, eso depende de nuestro umbral de dolor. Las investigaciones indican que para el 70 por ciento de las embarazadas el del parto es un dolor severo.

“Es como si tuvieras una cinta apretándote en el abdomen por debajo del ombligo”, dice la médica anestesióloga Yolanda Silveira. Mi amiga Cristina me dijo una vez que es como una mezcla de dolor menstrual con ganas de hacer caca.

Es que para parir el cuerpo se transforma. Eso es lo que duele. El cuello del útero, completamente cerrado, se dilata hasta unos diez centímetros. Cuando llega el periodo expulsivo, la ubicación del bebé distiende estructuras pelvianas y el dolor alcanza a las caderas, la parte baja de la espalda, el piso pélvico  y hasta muslos y las piernas. Duele con solo describirlo.

Así y todo, hay mujeres que se rehúsan a la epidural. Pero, y perdónenme, no entiendo por qué negarse a algo que evita sentir dolor. Yo no quiero ponerla en un pedestal, tampoco creo que todas la necesitemos. Solo pido que no tengamos vergüenza pedir parir sin dolor. O soñarlo.

Para la gran mayoría de las mujeres que la solicitan hay un antes y un después en su trabajo de parto: “recién lo empiezan a disfrutar después de que su dolor fue aliviado”, dice Silveira, excatedrática de la Facultad de Medicina de la uruguaya Universidad de la República. Para ella, “estar más descansada tras un parto sin dolor estimula a un mejor apego con el bebé”..

¿Cómo se aplica?, ¿Cuándo se pone?, ¿Tiene consecuencias para mí o el bebé? ¿Sentiré el pujo? Estas son algunas de las dudas que todas hemos tenido sobre la epidural.

Silveira desmitifica ese terror de muchas que la médula espinal se lesione al colocar el catéter. La colocación del catéter epidural se realiza en la parte lumbar baja de la columna donde ya no hay médula espinal. “Te pediremos que te quedes sentada o acostada de lado quieta, sin moverte. El catéter queda fijado a la espalda con leucoplasto y la cantidad de analgesia que iremos suministrándote depende de la intensidad de tu dolor. Estaremos durante todo el trabajo de parto contigo”, agrega la médica.

Otro de los mitos con la epidural es que bloqueará la sensación de pujo a lo que Silveira responde que se evita suministrando la dosis adecuada de analgésicos. Los anestésicos locales que actualmente se utilizan bloquean mínimamente a las fibras motoras por lo que se mantiene la fuerza muscular necesaria en los músculos abdominales y piernas. Algunas pacientes caminan en su trabajo de parto, es la llamada “walking epidural”. “Sentirás las contracciones, la barriga que se pone dura, y podrás pujar con todas las fuerzas”, asegura.

La complicación más frecuente de la epidural es el dolor de cabeza que sucede si durante la aplicación de la anestesia la aguja llega a la duramadre (una de las tres meninges que cubren al sistema nervioso), lo que ocasiona un pequeño orificio y la pérdida de líquido cefalorraquídeo. Esta típica cefalea post-anestesia será muy intensa al querer sentarte o pararte. Para disminuirla se recomienda quedarse acostada, beber líquido y tomar analgésicos. Un anestesiólogo experimentado tiene una frecuencia de una punción accidental de una cada 400 aproximadamente.

Otro posible inconveniente de la epidural es que aumenta el uso de fórceps; lo que se evita si el médico es cuidadoso con la dosis que aplica.

Haber tenido una cesárea previa no es un impedimento para pedir analgesia. El médico debe estar advertido y también ser cauto con la cantidad de anestesia y controlar la frecuencia cardíaca del bebé. Tampoco es un inconveniente estar recibiendo medicación anticoagulante. “Según cuál sea el fármaco y su dosis te indicarán cuándo suspenderlo”, dice Silveira.

Ahora, si no estás convencida que querés analgesia, todo el equipo médico debe respetar la decisión. Quizás pasar por esa experiencia, de parir sin analgesia, te sirva para saber que en tu próximo parto no vas a dudar en solicitarla o que, por el contrario, la repetirás ya que el dolor no fue un impedimento para disfrutar del parto. Todo puede pasar.

Si ya te decidiste es bueno que sepas cuál el momento ideal para su aplicación: con contracciones regulares, por lo menos dos en diez minutos y dilatación de tres centímetros. Aunque si ya en el pre-parto, estás muy dolorida, se puede comenzar antes, incluso sin dilatación. También se realiza analgesia en etapas avanzadas del trabajo de parto, como el período expulsivo.

Nunca es tarde, chicas, para dejar de sufrir.

¿Cuál fue tu experiencia en tu parto? ¿Con o sin epidural?