En lugar de salir con lugares comunes y preguntas sin respuesta, “dígale que es hermosa, un milagro con patas, una diosa gloriosa de la creación”, escribe nuestra autora sobre algunas de las frases que escuchó cuando estaba embarazada.

¡Ah, el embarazo! Un momento mágico y terrenal a la vez, en donde la ilusión y los miedos bailan el waltz. Un estado de conciencia que nos marea, nos despoja de toda cordura y nos devuelve a casa más genuinas, más fuertes, más mujeres que nunca (y con un regalito en brazos).

Son nueve meses (resulta que casi diez, pero nadie nos avisa hasta que nos pasa) de un proceso tan intenso que el cerebro hace cortocircuito unas tres veces por minuto.

Lo más curioso es que es un tiempo en el que la gente que nos rodea se ve seducida, como un insecto a la luz, a decirnos cualquier tipo de disparate. Es confuso, dudamos de si no estaremos muy sensibles (que sí, lo estamos) o si la gente no se estará quedando loca (que sí, sin duda lo está).

Así que aquí comparto una práctica guía de 12 cosas que toda mujer cultivando el milagro de la vida en su interior no tiene ningunas ganas de escuchar:

1.Pero qué panza más pequeña para seis meses ¿dónde escondes al bebé?

El embarazo es el único momento de la vida de una mujer en el que espera con ilusión el crecimiento abdominal. Por favor, señora en el ascensor, no me saque esta alegría, y por favor guárdese el comentario de la panza pequeña para después de que nazca el niño, aunque sea mentira.

2.¡Uy qué panza! ¿Estás segura que no son mellizos?

No, no estoy segura, ¿Será que un bebé puede esconderse atrás de otro en una ecografía? Dr. Google ¿Es así? ¿Por qué no tengo señal de internet? ¿Qué voy a hacer con dos? ¿Tengo que salir a comprar todo doble? ¿Y si se turnan para llorar? ¿Cuándo voy a dormir? ¡No me da el presupuesto! Por favor, no me metan ideas en la cabeza en lugares donde hay poca recepción de celular.

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3. El primer trimestre es un horror, el segundo es un paraíso ¡y el tercero es el más difícil!

Futurología en su estado más puro. Hay tantos trimestres como mujeres. Algunas vomitan sin parar y otras se hacen siete tests de embarazo porque no sienten nada. Algunas van al gimnasio hasta romper bolsa y otras se arrastran como una marmota desde el positivo. Déjennos descubrir nuestra propia glamorosa experiencia señora en la fila del banco que seguro tiene 25 hijos y suficientes experiencias como para realizar un estudio científico personal sobre el tema, ¿verdad?

4. Mi prima/cuñada/compañera de trabajo/vecina/depiladora…

No importa lo que le pasó a ninguna de estas personas, sobre todo y especialmente si son cosas negativas. No son más que anécdotas desagradables que llenan nuestra cabeza de basura, que luego nos olvidamos de sacar porque seamos francas, desde que estamos fabricando a un ser humano, nos olvidamos de todo.

5. Tienes que comer más/menos.

Si no estuviese devorándome esta pata de pollo, te la tiraría por la cabeza. Cada embarazada gestiona su ingesta como lo siente. Ya de por sí es confuso preocuparse por no engordar como una ballena y a la vez preocuparse por darle suficientes nutrientes a un ser en desarrollo, como para encima estar escuchando la opinión de la hermana de la esposa de nuestro primo que nos ve comer una vez un pedazo de torta en un cumpleaños.

6. ¿Cómo se va a llamar?

Mire señora, si se lo digo no le va a gustar. Muchas embarazadas comparten el nombre de su hijo con ilusión, y muchas otras prefieren no decirlo, porque la verdad es que la respuesta inmediata es siempre una opinión (y como toda opinión, subjetiva) y la mitad de esas opiniones son negativas. Porque ¿qué son los nombres? Sonidos que utilizamos para poder llamarnos entre nosotros, nada más. No hay nombres feos. No tenemos ganas de escuchar que el nombre de nuestro hijo, una palabra que para nosotros es hermosa, a usted le hace acordar a un pedazo de mortadela podrida (no estoy inventando nada queridas lectoras).

7. ¡Aprovechá a dormir ahora que después no dormirás nunca más!

Que simpático consejo. Es muy placentero irse a dormir, despertar solo después de un par de horas con ganas de vaciar una vejiga oprimida, volver a la cama y acordarse: “voy a tener un hijo”. ¿Quién duerme después de semejante pensamiento? No necesitamos agregarle a nuestras preocupaciones nocturnas la urgencia de tener que acumular horas de sueño como si después pudiesen utilizarse como las vidas en los videojuegos (alguien que invente esto, por favor).

8. No masques chicle que le estás dando aire de comer a tu hijo.

Ojalá estuviera yo inventando esta lista. Los chicles de menta eran lo único que me ayudaban a no vomitar cada media hora durante el embarazo. Así que señora en la farmacia, además de que lo que está diciendo no tiene sentido fisiológico (y lo sabe un niño de primaria que vio un afiche de anatomía de casualidad, una vez) le aseguro que si le vomito sobre sus zapatos no le va a gustar. Los consejos con incoherencia fisiológica son los más comunes, este ítem aplica a cualquier parte de nuestro cuerpo y del cuerpo de nuestro amado feto, gracias.

9. ¿A qué escuela lo vas a mandar?

No lo sé, pero seguro va a ser astronauta. Muchas de nosotras no tenemos idea ni de cómo cambiar un pañal, y elegir un cochecito es más estresante e involucra más variables que comprar una casa. Honestamente señora, no se qué voy a hacer dentro de 20 minutos, porque por lo visto, en esta tienda no hay baño.

10. ¿Cómo quedaste embarazada?

El embarazo, el momento único de la vida en el que la gente se cree con derecho a saber detalles sobre nuestra vida íntima sexual. Mira, chica escultural que levanta pesas en el gimnasio mientras yo me siento a mirar el noticiero mudo, ¿por qué no me cuentas tú a mí sobre la última vez que la pasaste bien en la cama? Seguro es mucho más interesante.

11. ¡Estás embarazada! ¿Por qué no me habías contado antes?

Perdón que no escribí un memo certificado que envié a todas las personas que me conocen. Y sí, se que somos amigas, créeme que si hubiera querido contarte antes lo hubiese hecho, es la noticia más linda de contar, y es todavía más linda cuando la contamos cuando estamos listas y nos sentimos seguras de que todo va bien, como en este preciso momento en que te la estoy contando.

12. Tocar la panza.

No es una expresión verbal, pero merece su lugar en esta lista. La próxima vez voy a tocarle yo la panza a la señora que cuida la entrada de la oficina. ¿Ah qué? ¿Ella tiene burbuja personal y yo no? ¿Acaso no se da cuenta usted de que no está invadiendo una sino dos burbujas personales? Si quiere demostrarnos cariño del bien verdadero por favor áteme el cordón del zapato que se me desató hace cinco cuadras, y casi no puedo verlo.

Así que la próxima vez que vea a una embarazada por favor dígale que es hermosa, un milagro con patas, una diosa gloriosa de la creación. Dígale que los nervios, las dudas, los miedos no son más que el resultado del profundo respeto que le tiene a la vida (la propia y la desconocida). Y por favor, por favor se lo pido, ayúdela a encontrar dónde dejó apoyada la cartera.