Carmen será madre por segunda vez y nos cuenta, con la certeza de una mamá con experiencia, cómo es la historia en este nuevo capítulo.

Enterarme de que sería madre por segunda vez fue una experiencia por demás abrumadora, pero en un buen sentido.

Llevaba varios meses pensando en lo lindo que sería vivir nuevamente la experiencia de ser madre por segunda vez, gestar y cargar a un bebé recién nacido, e igualmente ilusionada con la idea de que mi primer hijo, ya de tres años, tuviera un amigo o amiga para toda la vida.

Mi periodo menstrual luego del parto siempre fue puntual como un reloj. Por eso ante la primera falta no dudé en hacerme una prueba de embarazo. Salió negativa, y no le di mayor importancia. Pero pasaban los días y seguía sin llegar mi periodo. Compré otra, e igualmente el resultado fue negativo.

Así, transcurrieron dos semanas y tres pruebas negativas más, pero el periodo no llegaba y comenzaba a presentar algunos síntomas comunes de las primeras semanas, como náuseas y un cansancio poco habitual en mí. Fue entonces cuando decidí realizarme una prueba de sangre. Sorprendentemente ¡también salió negativa!

Comencé a asustarme, pensando que se trataba de algún desorden hormonal. Pero decidí esperar una semana más y repetir la prueba de sangre. En esta última prueba tenía mucha expectativa, pero algo me decía que sí estaba embarazada. Al recibir el resultado ¡salió positivo!

Lo siguiente fue confirmar el embarazo mediante una ecografía, donde vimos que aún no había entrado siquiera en la etapa embrionaria, porque apenas tenía entre tres y cuatro semanas de gestación. Ese era el motivo por el que hubo tantas pruebas negativas anteriormente.

Ser madre por segunda vez es una experiencia retadora, intensa, que te invita a darte cuenta de que cada embarazo es distinto y a vivir las sensaciones con mayor entusiasmo. También es una lección de paciencia al triple, porque entre el malestar y el cansancio de esas primeras semanas igual debes atender las necesidades del hijo mayor , sin que se sienta desplazado y tratando de hacerle entender por qué estamos más lentas y cansadas, o por qué no podemos cargarlos, saltar y correr como antes.

Poco a poco y a medida que la panza crece, el hijo mayor empieza darse cuenta de lo que ocurre, y le emociona saber que será un hermano mayor y vendrá un bebé. Incluso ha pedido ver videos de bebés y hemos encontrado cuentos muy útiles disponibles de forma gratuita en Internet para narrar la llegada de un nuevo hermano. Pensamos que de esa manera el hijo mayor se siente más incluido en el proceso y no siente a este bebé como un intruso, sino como un evento del que forma parte activa.

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De este segundo embarazo lo que más me emociona es comprender mejor cada etapa y sentirme más preparada para afrontar situaciones que cuando somos primerizas nos toman por sorpresa o nos aterran.

Cambiar pañales (tanto de tela como desechables) ya no es una tarea titánica, incluso en lugares tan incómodos como un asiento del transporte público. Llevar “sólo lo necesario” cuando salimos con el bebé no supone terminar saliendo como si fuéramos de viaje dos meses a otro país.

Las compras para el bebé se reducen a lo que realmente sabemos que vamos a utilizar, y si, como nosotros, los niños no se llevan mucha edad de diferencia, es muy probable que terminemos reutilizando alguno que otro juguete o ropa y nos ahorremos bastante.

He escuchado muchas cosas respecto al segundo hijo, y tal como con el primero, mi interés es informarme lo máximo posible para hacer esta transición lo más llevadera para los tres. Será una dinámica nueva para todos, pero también pienso que es un regalo maravilloso el vivir esto nuevamente, ya como una familia que ahora crece.

Pero quizá el mayor regalo para quienes decidimos tener un segundo hijo es –luego de superar toda la incertidumbre que supone plantearnos cómo será nuestra vida criando a dos– darnos cuenta de que es posible amar sin condiciones a más de un ser al mismo tiempo. Ese tipo de lecciones que solo los hijos pueden darnos.