La meditación es una herramienta para tu salud física y mental. Durante el embarazo tiene efectos adicionales muy positivos. Nuestra autora te cuenta cuáles son.

Empecé a meditar luego de dejar de trabajar para dedicarme a mi primer hijo. Acostumbrada a una rutina ajetreada, estar en casa con mi niño representó todo un reto en cuanto al cambio de ritmo de vida. Estaba muy ansiosa. Entonces descubrí la meditación.

Meditar es el ejercicio de vivir el momento presente. Se puede hacer de muchas formas. La más común es sentarse con la columna recta y los ojos cerrados para concentrarse en la respiración. El objetivo es observar los pensamientos sin engancharse en ellos para tener conciencia plena de las sensaciones. Aunque a esta actividad se le suele dedicar un tiempo y un espacio especial, también se puede hacer combinado con movimientos lentos, caminando o incluso mientras se realiza cualquier tipo de actividad cotidiana.

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Para los principiantes lo mejor es hacerlo sentado en flor de loto, sobre un cojín o una banca baja, que permita una posición completamente erguida que evite el sopor durante la actividad. También se puede hacer sentada sobre una silla, pero siempre con los pies bien plantados en el suelo.

Es recomendable empezar con poco tiempo, por ejemplo, diez minutos al día, para después irlo incrementando poco a poco. Existen aplicaciones que ayudan no solo a cronometrar la actividad y llevar un registro de la misma, sino también reproducen música adecuada, meditaciones guiadas o bien, campanas que nos ayudan a ubicarnos dentro del tiempo de la práctica.

Meditar me resultó una gran herramienta para disfrutar los primeros años de mi maternidad. Cuando me embaracé por segunda vez, descubrí que tiene muchísimos beneficios meditar en este estado. Algunos de ellos son:

Manejo del estrés, la depresión y la ansiedad

El estrés, la depresión y la ansiedad suelen presentarse con frecuencia en el embarazo, por cuenta de la incertidumbre que se vive en esta etapa y por el temor de lo que está por venir con el nacimiento del bebé. También por los bruscos cambios físicos y hormonales que sufre el cuerpo.

Está clínicamente comprobado que la práctica de la meditación ayuda a disminuir el cortisol, también conocido como hormona del estrés. Por eso meditar se recomienda para controlar los estados de ánimo abrumadores en esta etapa de la vida reproductiva de las mujeres. Y es que lograr un estado mental controlado durante el embarazo reduce la probabilidad de un parto prematuro.

Mejora el sistema inmunológico

El control de los niveles de estrés tiene varias repercusiones positivas, siendo una de las más importantes la mejora del sistema inmunológico.

Reduce la presión arterial

A lo largo de la gestación, la presión sanguínea puede convertirse en un factor de riesgo tan delicado que si no se detecta y se controla, llega a desarrollarse en preeclampsia. Existen numerosos estudios que comprueban que meditar mantiene la presión en rangos saludables.

Conexión espiritual con el bebé  

Además de todo lo bueno que es para la salud, meditar estando embarazada brinda un tiempo y un espacio especial para conectar con el bebé. Recomiendo aprovecharlo al máximo para visualizar un feliz nacimiento y todo lo bueno que queremos para la vida.

La práctica de la meditación durante el embarazo además ayuda a:

Y seguirlo haciendo después de que nace el bebé ayuda también a dormir mejor, a mejorar la producción de leche materna, a tener mayor concentración en las actividades del día y a mantener sano el sistema inmune.

Recomiendo mucho intentarlo. ¡Suerte y feliz embarazo!