Volar con hijos pequeños no tiene por qué ser una pesadilla. Una de nuestras mamás comparte algunos trucos para hacer del viaje en avión una experiencia placentera.

La vida cambia cuando se tiene un hijo. Eso lo sabe cualquier padre, pero una de las situaciones en las que se vive más claramente la transformación es en los viajes en avión. Antes de la llegada de la progenitura, podíamos relajarnos, ver las películas, comer tranquilos, leer, dormir, ir al baño sin prisas, conversar con el pasajero de al lado, hacer crucigramas, oír música, trabajar en el portátil, tomar un trago, comprar en el duty free e, incluso, asustarnos por las turbulencias.

Mirábamos con pesar a los padres y madres que debían recorrer los pasillos del avión de arriba para abajo llevando de la mano a un niñito que daba sus primeros pasos y rogábamos en silencio porque el muchachito en cuestión no fuera a ponerse a llorar y a dar alaridos en pleno vuelo. Hacíamos chistes sobre la necesidad de crear una “clase especial para familias” y, tan pronto veíamos que había niños chiquitos en las sillas de al lado, buscábamos a la azafata y le pedíamos que nos ubicara en otra fila lejos de esos pequeños demonios.

Hasta que llegó el día en que nos convertimos en esos padres acongojados. Ya no era el hijo de los otros, sino nuestro propio retoño el que generaba la apatía en los rostros de unos cuantos pasajeros que lo veían como una virtual amenaza a su placentero vuelo. Sin embargo, no tiene por qué ser así. Si bien ya no volveremos a viajar con la misma desenvoltura con la que lo hacíamos antes, sí podemos poner en práctica ciertos consejos que nos permitirán sobrellevar el trayecto y no renunciar a la posibilidad de unas vacaciones por temor a lidiar con nuestro hijo en la cabina. A continuación, algunos trucos para hacer más llevadera la experiencia:

Consejos
• Averigüe en la aerolínea qué productos de bebé están autorizados en la cabina (leche en polvo, purés, compotas, etc.) Así puede tener una opción de alimentación en caso de que al niño no le guste la comida que sirven abordo.

• Si su hijo es menor de un año solicite con antelación a la aerolínea una cuna para que duerma durante el trayecto.

• Prepare un morral con ropa para cambiar al bebé/niño por si se ensucia durante el viaje. Incluya una muda para usted pues al final del vuelo el niño puede haber usado su camisa para limpiarse las manos.

• Para evitar que el bebé sufra de dolor de oído durante el despegue y el aterrizaje puede darle un chupo, un biberón o amamantarlo.

• Prepare un kit de actividades sorpresa. La idea es que el niño descubra el regalo en el avión y se distraiga con los nuevos juegos. Pueden ser libros de colorear, calcomanías, origami, muñequitos, tarjetas coleccionables y cuentos. La idea es ir sacando las nuevas sorpresas a medida que avanza el viaje y no gastarlas todas de una vez.

• Descargue películas y juegos interactivos en la tableta o el computador.

• Cuando se trata de vuelos largos (más de seis horas) lo mejor es viajar de noche. Si tiene suerte, su hijo dormirá la mayor parte del trayecto.

• Es importante que el bebé/niño beba mucha agua durante el viaje para evitar la deshidratación.

• Antes de embarcar, intente que su hijo camine, corra o gateé en el aeropuerto para que esté cansado al momento de subir al avión.

• Lleve con usted un portabebés para movilizarse por el aeropuerto y la zona de embarque luego de haber enviado el coche a la bodega del avión.

• En la medida de lo posible, trate de evitar los vuelos con muchas escalas.

• Reserve una silla con ventana. A los niños les gusta mirar y puede entretenerlos mostrándoles el cielo, las nubes, las estrellas, el litoral, etc.

• Cambie el pañal del bebé antes de subir al avión.

• Camine con el bebé por los pasillos, de paso puede conocer a los otros bebés que viajan en el avión.
• Lleve consigo un pequeño botiquín con los medicamentos para tratar dolor de estómago, tos y fiebre.

¡Y feliz viaje!