Marcela Carvajal es una actriz conocida en Latinoamérica por su participación en las series Lynch y Tiempo Final. Es la feliz mamá de Crystal, de nueve años y de Luciana, de siete. Historias de Mamás habló con ella.

 

¿Qué ha sido lo mejor de ser mamá?

Lo mejor de ser mamá es querer a alguien sin ningún interés, querer que esté bien sin esperar nada de vuelta, solamente el gusto y el placer de saber que otra persona va a estar bien y va a tener lo mejor. Es como un amor no egoísta, para mí es como la posibilidad de amar sin egoísmo.

 

¿Cuáles han sido los retos de ser madre?

Paciencia, paciencia y mucha paciencia. Darse cuenta que uno repite lo mismo que sus papás, aterrarse con eso y tratar de no repetir lo que a uno le molestaba tanto. Se trata también de buscar tácticas para enseñar, para transmitir conocimiento. Cada etapa también de los hijos también tiene sus retos. Cuando ellos son bebés es una cosa y ya cuando van creciendo es otra. Pero creo que se resume en que el mayor reto es tener paciencia y control.

 

¿Y las sorpresas?

Darse cuenta de pronto de que uno está diciendo las mismas frases de la mamá o está repitiendo lo del papá, tanto cosas buenas como malas. La sorpresa es cuando uno repite las cosas que uno odiaba oír o se burlaba cuando las oía, como “esta es mi casa y mientras vivas conmigo tú haces lo que yo diga”, “cuando vivas solo vas a poder hacer lo que quieras”, etc. Eran frases que yo odiaba y de las que me burlaba, y las termina uno repitiendo y cosas así. Digamos que esa es la sorpresa, que uno puede parecerse más a la mamá de lo que uno quisiera.

Pero también hay sorpresas como el amor y la satisfacción que uno puede sentir solo con  dormir en la cama con tu hijo o con tus hijos y decir “no necesito nada más para ser feliz, nada más; este momento vale la pena todo, haber vivido para sentir esto que estoy sintiendo, este cuerpito, esta respiración, este amor”.

 

¿Qué es lo que más recuerdas del embarazo?

En mis embarazos vomité mucho. Recuerdo el fastidio por los olores como el del jabón. Odiaba el olor de los detergentes, del cuero, de ciertas lociones, un after shave que usaba mi marido, lo odiaba y me daba vomito. Vomitaba todo, hasta el agua. La verdad me dio muy duro, yo quería comer y comer y no podía. Me daba mucho sueño y en el primer embarazo pude dormir, pero en el segundo no.

De las cosas positivas, tal vez, la sensación de estar ahí cuidando a tu bebé, sentirlo y darte cuenta de que le estás dando vida, que lo estás cargando, que depende de ti.

En el segundo embarazo hice ejercicio y me certifiqué para entrenar embarazadas y madres en gestación y posparto y eso fue chévere. Fue interesante también conocer, ya con más detalle, los cambios físicos y cómo poderlos trabajar en diferentes mujeres, tendiéndome a mí de referencia para hacer ejercicio. Eso también fue un aprendizaje interesante.

 

¿Qué le dirías hoy a las nuevas madres?

El entrenamiento para mí fue muy importante, igual que conocer los cambios trimestrales en el embarazo. Esto me ayudó a prepararme más para la crianza del bebé. Aunque tuve una niñera maravillosa que me ayudó mucho, me hubiera gustado saber más de las rutinas, de cómo alimentarlos, de los horarios, ponerle cierta disciplina al bebé que tiene que ver con la rutina, bañarlo vestirlo. Pero creo que estuvo bien, creo que en el embarazo el instinto y la intuición florecen.

 

¿Si tuvieras que elegir hoy, serías mamá de nuevo?

¡No! En este momento de mi vida no habría posibilidad. Primero creo que mi cuerpo ya no lo resistiría, y creo que dos es más que suficiente. Ya, chuleado, lo disfruté, además lo deseé mucho y fui una madre, en su periodo de crianza, intensa. Creo que ahora soy menos intensa, pero soy una mamá intensa. ¿Pero otra vez volver a empezar? No gracias.