Nuestra autora cuenta su experiencia con los piojos, cómo los sacó de la cabeza de su hija y da importantes recomendaciones, pues ningún papá o mamá está exento.

Parecía ser una tarde tranquila, tarea resuelta, sin prisas ni pendientes, cuando decidí que mi hija tenía el cabello largo y que era necesario hacerle un corte. El estilista iba a comenzar su trabajo, pero me llamó y dijo: “Mira, ¿ves esto? No es caspa ni resequedad, es un huevo de un piojo. Así no le puedo cortar el pelo, tienes que ver si no hay más y usar el shampoo especial”.

¿Qué?, ¿un piojo? No podía creer lo que me había ocurrido. Busqué información necesaria: había que ponerle un shampoo que olía horrible y, con un peine de color blanco, abrirme paso por distintos caminos del cabello rizado para quitar esos diminutos huevos, también blancos. Toda una faena que no se la deseo a nadie, ni a un jefe de la oficina de recaudación de impuestos.

La niña pasó un buen rato con la cabeza en el lavamanos y yo en medio de un tormento: no quería lastimarla, pero tampoco veía los diminutos huevos. Ya no los lograba distinguir, la pequeña empezó a desesperarse y, por derivación, yo también. ¿No había otra manera de solucionar esa plaga?

Busqué el nombre de las pastillas que toman los viajeros para que no les piquen los insectos, pero me explicaron que eso no servía. Después de varios consejos, ninguno acertado, llamé a su pediatra. La doctora me dio un tip que en ese momento valoré mucho. “No sufras, llévala a las clínicas especializadas antipiojos, búscalas en internet, se llaman Free Hair”.

Por fin dejé a la niña en paz e hice una cita. Al día siguiente la llevé a una de estas clínicas que han cobrado auge en la ciudad de México. Cada vez hay más sucursales y tienen competencia. Las chicas nos recibieron vestidas de enfermeras, se pusieron un tapabocas y empezaron la revisión de la niña. Confirmaron que sí había piojos. Enseguida me dijeron: “Sigue usted”. ¿Yo? ¿Crees que yo pueda tener? ¿En serio? “La mayoría de las veces si la niña tiene, la mamá también. Déjenos revisar”. Y, efectivamente, no me salvé de que estos animales estuvieran en mi cráneo.

Me explicaron que los piojos prefieren subirse a un cabello limpio que a uno sucio. Y que es muy común que los piojos salten de cabeza en cabeza en las escuelas. Me enseñaron a distinguir entre una liendre (huevo), una ninfa (piojo joven) y un piojo (adulto). Las liendres son los huevos, con frecuencia se confunden con caspa o restos de spray en el cabello; están pegado al cuero cabelludo y son de coloración blanca o amarillenta, de forma oval. Las ninfas son piojos jóvenes, se convierten en adultos en 7 días, se alimentan de la sangre de la persona que la lleva en su cabeza. El piojo adulto es del tamaño similar a una semilla de ajonjolí (también conocido como sésamo), tiene 3 pares de patas y es de color blaco-grisáceo. Los piojos adultos pueden vivir un mes a costa de cualquier cabeza, si se caen de esa zona muren en 2 días.

Escribo estas líneas y ya me dio comezón. Hice un descanso para ir a revisarme al espejo y no hay nada. Es que de sólo recordar eso que vivimos, siento de nueva cuenta las ganas de rascarme. Son las secuelas de ese contagio. No tengo nada, es sólo la sensación de que algo camina por ahí.

Las chicas de Free Hair le dieron a mi hija una iPad con juegos. Ella colocó su cabeza en una silla, como si le fueran a dar un masaje y la especialista procedió a exterminar a los piojos con un peine de metal, la liendrera. Colocaron un aceite, tea tree y siguieron buscando por entre los rizos de Ana Luisa. Ella no sufría, estaba entretenida con un juego. Luego le pusieron una aspiradora en la cabeza y volvieron a hacer un repaso en su cuero cabelludo, tras una aplicación de otra loción. La peinaron con el cabello recogido. Nos recomendaron que colocáramos en bolsas negras todo lo que usamos cuando había piojos, cerráramos esas bolsas y que no permitiéramos la entrada de luz ni aire en 48 horas. Luego de esa faena, nos indicaron que sacáramos nuestros objetos personales y los laváramos como de costumbre. Además debíamos de regresar a la siguiente semana.

Al llegar a casa seguimos al pie de la letra las instrucciones, pasamos la aspiradora por los colchones, las almohadas, rociamos tea tree por donde nos indicaron. Subimos esos bultos de ropa al cuarto de la azotea, para que permanecieran aislados hasta la muerte de uno o varios piojos. Pusimos en agua hirviendo cada uno de nuestros cepillos, luego añadimos cloro y vinagre. El exterminio total a cambio de nuestra tranquilidad, sin comezón.

Más tarde le contamos a Alejandro nuestra experiencia con las señoritas antipiojos que nos trataban como si hubiéramos estado infectadas de ébola. Luego vino el humor, después de la tormenta, nos echamos a reír de sólo pensar qué hubiera hecho un piojo en la calva de Alejandro: “Cuas, tremendo sentón que se habría metido” (traducción a “Latinoamericano”: el piojo se hubiera caído de forma precipitada), decía la niña, entre risas. Su papá nos miraba un tanto incrédulo hasta que nos acompañó a nuestra segunda revisión de cuero cabelludo y conoció este lugar que se especializa en liberar cabezas de liendres, ninfas y piojos. Él insistió en pasar a una revisión meticulosa y la señorita enfática sentenció: “No tiene. Siguen ellas.”

 

Debes recordar que:

– Los piojos son parásitos que afectan a la cabeza de las personas, son muy frecuentes, aquejan predominantemente a niños de entre 3 y 10 años y a sus familiares.

– Las niñas se afectan con una frecuencia superior a los niños.

En estas clínicas especializadas el tratamiento cuesta alrededor de 65 dólares estadounidenses.  

– Se requiere una segunda visita para estar seguros de que los piojos se han eliminado por completo.

-Es recomendable adquirir el shampoo, repelente y gel de tea tree que venden en estas clínicas.

– Para evitar contagios se sugiere que las niñas asistan a la escuela con cabello recogido, que usen gel para peinarse y algunos de estos productos. Los niños deberán ir con cabello corto para no sufrir de esta plaga.

 

Puedes ampliar información en:

Clínica Free Hair en México

Cabellos Sanos – Organización Colombia Contra la Pedioculosis

Clínica especializada en piojos en Bogotá

 

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