“Un papá no solo trabaja. Un papá también cría. O debería. Solo así la maternidad dejará de ser una carga para las mujeres”, escribe nuestra autora, quien ha investigado el tema de la maternidad como castigo y el rol de los hombres.

Por fortuna vemos que cada vez más hombres se involucran amorosamente en la crianza de sus hijos. También, por fortuna, esos roles según los cuales los papás disciplinaban y las mamás daban amor está pasando a la historia. Lentamente.

Pero necesitamos un progreso rápido en este sentido. Solo así, la maternidad dejará de ser un castigo para las mamás.

En Colombia, una mujer con hijos gana en promedio 17.6% menos que una mujer sin hijos, según un estudio del Banco de la República y la Universidad de los Andes; según la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres ganamos en promedio 22,9% que los hombres cuando ocupamos los mismos cargos y tenemos exactamente la misma formación. Esta brecha aumenta en los puestos de liderazgo (presidente y vicepresidentes de las compañías).

En ese mismo sentido, las mujeres en edad reproductiva sufrimos más el desempleo que los hombres.

Además, una investigación realizada en Estados Unidos demostró que apenas se convierten en madres, las mujeres dejan de ser ascendidas dentro de la organización y dejan de recibir entrenamientos para mejorar sus habilidades, “pues al convertirse en madres, sus compañeros de trabajo solo las ven como madres enfocadas en su familia, con la mente en sus hijos y su cuidado.

Esto no sucede con los hombres que se convierten en padres, quienes (…) siguen siendo percibidos como competentes, pues creen que un hombre que ahora tiene una familia para proveer será más eficiente y comprometido. Este estereotipo a veces se traduce en un aumento en sus ingresos de hasta el 6% cuando se convierten en padres”, como escribí en coautoría en el libro “Con fecha de Vencimiento” (Editorial Planeta, 2016).

Si además de todos los estereotipos de género de los que somos presa en el ambiente laboral, ahora tenemos el de “ella es una mujer y su naturaleza es pensar en sus crías por lo que el trabajo pasará a un segundo plano”, pues no seremos, nunca, las trabajadoras entregadas que demanda este mundo capitalista, en el solo importa generar ganancias a costa del mismo ser humano.

Sobre todo si estamos solas en la crianza. Si cuando el niño se enferma somos las que tenemos que hacerlo todo a un lado para llevarlo al médico, si somos las que tenemos que ir a las reuniones de padres, inconvenientemente planeadas en horario laboral; si somos las que llegamos a darles de comer, bañarlos y dormirlos en las noches; si somos las únicas que criamos.

Porque no se trata de esperar que un sistema laboral que se viene deteriorando desde hace un siglo cambie de la noche a la mañana, o de lamentarnos en nuestra miseria adicta al trabajo y con malos jefes; o de no tener hijos. Se trata de hacer equipo con nuestras parejas.

Y este trabajo en equipo se logra si nosotros los involucramos desde el principio, si ellos entienden que también pueden tenerlo todo: ser papás, trabajar, aportar, cuidar, limpiar, llorar con las primeras palabras del bebé y establecer un vinculo emocional sano con sus hijos.

Así no asumiríamos nosotras solas las consecuencias de algo que se hace entre dos.