La llegada de mi segundo bebé supuso un gran cambio para mi hija mayor, quien no ha sido ajena a los celos y los berrinches. Con amor y mucha paciencia hemos ido construyendo la nueva dinámica familiar.

Mi hija Eloïse tenía tres años cuando le contamos que iba a ser hermana mayor. Para ese entonces ya sabíamos el sexo del bebé y la barriga comenzaba a notarse, así que aprovechamos que su abuela le había regalado un libro sobre un pingüino que iba a tener un hermanito para abordar el tema.

Eloïse siguió atenta la historia y cuando se terminó el libro le dijimos que ella era como el pingüino y que dentro de un par de meses tendría una hermanita. Se puso feliz. Tanto que me levantó la camisa para ver la barriga y comenzó a hablarle a ese diminuto bebé que crecía dentro de mí.

Durante un par de semanas la vida siguió como si nada hasta que un día, de la manera más casual, me preguntó: “Mamá, ¿y en la barriga también tienes otra mamá para ese bebé?”. Cuando le expliqué que no, que solo había una mamá para las dos niñas, la idea no la entusiasmó demasiado. Tener un bebé para jugar a las muñecas era una cosa, pero compartir a la mamá, era otra. Los celos iban de la mano de la alegría.

Te puede interesar: Cuida tu piel y disfruta cada segundo de tu embarazo

Cuando llegó el momento del parto, teníamos un regalo para Eloïse de parte de su hermanita y, por consejo de otras mamás que ya habían pasado por las mismas, decidimos que cuando fueran a verse por primera vez, Victoria estuviera en su cunita y no en mis brazos para evitar un repentino ataque de celos. Eloïse la observó con sorpresa y fascinación. Quería cogerla, tocarla y darle besos. Desde entonces han pasado 15 meses en los que Victoria ha ido poco a poco ganándose el corazón de su hermana mayor sin que eso signifique que todo haya sido color de rosa.

Los celos de Eloïse jamás han buscado hacerle daño a Victoria, pues nunca la ha lastimado a propósito. Sus celos se manifiestan es con nosotros y se refieren a la cantidad de tiempo, atención y amor que ella considera que le hacen falta.

Desde que nació Victoria, Eloïse ha hecho una regresión. Si bien en el colegio se porta como una niña que pronto va a cumplir cinco años y es muy independiente, en la casa pide que le demos de comer con cuchara como si fuera un bebé, reclama que la dejemos dormir con nosotros en la cama, se resiste a vestirse sola y se aferró al chupo, tanto que nos tocó lidiarle bastantes berrinches para que lo dejara.

Si escucha que le hacemos elogios a su hermana tipo: “Victoria, qué linda estás hoy con ese vestido”, Eloïse llega corriendo y pregunta de frente: “¿y yo… también estoy bonita?”. Cualquier juego de cosquillas, piropo, caricia, beso o abrazo debe ser ejecutado de manera doble y casi simultánea para no herir susceptibilidades.

Ese impulso por compararse con Victoria, llega incluso al punto de usarlo como excusa cuando la castigamos luego de una travesura. Aunque se haya portado mal y merezca una sanción, su defensa es siempre la misma: “ustedes me regañan porque quieren más a mi hermanita que a mí”.

Entonces, viene el proceso de explicar, de consolar y de acompañar mientras le juramos y le rejuramos que la amamos tanto como el primer día. Que el amor de los padres no se divide, sino que se multiplica y que nos sobra corazón para las dos.

Los celos, dicen los expertos, hacen parte del proceso adaptativo que supone amoldarse a una nueva situación y pueden ser beneficiosos en la medida en que le ayudan al niño a crecer y madurar.

Te puede interesar: El duro camino hacia el segundo hijo

Para compensar, intentamos tener tiempos a solas con Eloïse donde ella vuelve a ser el centro de atención y le ofrecemos actividades acordes a su edad en la que podemos compartir momentos de complicidad. Irónicamente, cuando estamos en esas citas exclusivas, Eloïse reclama la presencia de Victoria como diciendo “quiero que la familia esté completa”.

Aunque todavía es un bebé, Victoria parece haber asimilado su condición de hija menor y es más paciente. Espera su turno como si entendiera que hay que ocuparse rápido de esa niña grande que revolotea insistentemente alrededor de papá y mamá buscando llamar la atención.

No sé si en un futuro Victoria tendrá celos de Eloïse, pues hasta el momento solo la mira con devoción. Ver a su hermana mayor le provoca una hermosa risotada, lo que me hace pensar que, a pesar de los pequeños roces, estas dos niñas se van a querer toda la vida.