Un afortunado encuentro con la escritora Amalia Low le permite a nuestra autora explorar el arte y el gusto de leer en familia.

 

Cuando en el counter para abordar el vuelo de Air France a Paris llamaron a Amalia Low para que se acercara, nos miramos emocionados con mis hijos y mi marido. Unos días antes les habíamos leído Tito y Pepita, un libro infantil que nos había hecho reír a todos, firmado por Amalia Low, la misma autora colombiana con ascendencia japonesa de otros libros favoritos de la casa.

–¿Perdón, Tu eres la autora de libros infantiles? –

Amalia viaja a París, según cuenta, para cumplir un sueño que siempre tuvo. Albin Michel, una de las editoriales francesas más importantes, va a publicar dos de sus obras. Pero es muy humilde y se ve sorprendida de que una extraña la interpele.

–¿ Y acaso en dónde encontraron mis libros? – Pregunta incrédula. Así que antes de que se convierta en una celebridad de la literatura infantil internacional imposible de conseguir, decido pedirle una entrevista.

Unas semanas después, al llegar a su apartamento, una enorme perra me recibe al salir del ascensor. Las paredes están tapizadas de sus cuadros coloridos llenos de animalitos y seres del bosque. Amalia ilustra sus libros y reconozco su estilo. Se trata una artista integral que ha incursionado en varias áreas artísticas.

–¿Cómo ha sido tu relación con la música, la pintura y las otras áreas artísticas? –

– Estudié música en Estados Unidos  y me volví enferma mental del piano clásico. Quería ser una pianista virtuosa. Fui concertista y luego viví mucho tiempo de dictar clases de piano a niños. Inventé una notación con colores para enseñarles a leer música pues estoy convencida de que la lectura musical es lo que hace que tantos niños abandonen el piano–.

Un piano de cola, adornado con máscaras en papel maché de su último libro, ‘El corazón de la Selva’ ocupa la mitad de la sala. Para este libro-disco, que es una especie de novela gráfica infantil con un mensaje ecológico, Amalia compuso varias canciones.

Aunque la literatura ocupa cada vez más espacio en su vida, ella continúa teniendo varios alumnos y también dicta talleres de composición musical.

La pintura fue quizás lo que la salvó de la época más negra de su vida. Cuando Amalia tenía 25 años, el narcotraficante Pablo Escobar asesinó a su padre, el ex ministro de justicia Enrique Low. Al duelo se sumó un divorcio terrible con proceso un judicial y conciliación por la guarda de sus hijos que duró años.

–Me volví alcohólica. Mi papá era el amor de mi vida, una persona demasiado buena y maravillosa. Quería morirme para estar con él y sentía que vivir era como traicionarlo. El arte me mantuvo viva. Pintaba manos que intentaban salir del fango y me sentía muy inspirada por Frida Khalo y esos cuadros de cuerpos torturados… de vísceras …–.

Pero poco a poco, después de varias experiencias casi místicas y lecturas formadoras, en sus pinturas fueron apareciendo animalitos: gatos con botas, ositos y conejos merendando. –Al final ya sólo pintaba animalitos –.

Amalia también ha incursionado en las artes dramáticas y monta espectáculos de narración oral.

–¿Escribes también para grandes? –

Lo que más me gusta de la obra de Amalia es que tiene mucho sentido del humor. Son verdaderas historias pero con textos minimalistas y por eso funcionan para una franja muy amplia de edades. Mis hijos se llevan cinco años. El pequeño es lo que en el mundo editorial infantil llaman un pre-lector y mi hija de nueve ya es capaz de leer novelas sencillas. Siempre estoy buscando historias que podamos leer en familia, pero no es fácil. La serie de libros “Zafari”, seis libros de Low publicados por Editora Cinco, responden de maravilla a este imperativo. Son historias con las que inicié a mi hija mayor en el mundo de los libros y que ahora escoge leerle a su hermanito.

– En una ocasión me invitaron al festival Cucli-Cucli en Bucaramanga para hacer una lectura de Tito y Pepita. Pero no sé por qué los organizadores incluyeron niños de todos los grados y había unos mil adolescentes, cuando mi espectáculo estaba pensado para niños chiquitos. Tenía miedo de que me fueran a abuchear. Pero los adolescentes terminaron reventados de la risa y fue una de las mejores presentaciones que he hecho–.

De acuerdo a Amalia, otro de sus cuentos, ‘La jirafa gorda’, le habla particularmente a niñas adolescentes y toca el tema de las presiones y el bullying que les dificultan tener una imagen corporal sana. En general, aunque con un lenguaje e imágenes apropiadas para niños y mucho humor y poesía, sus libros tocan temas bastante serios como la resolución de conflictos, el abuso de poder y la incapacidad de comunicar con otros. Sin buscar una finalidad moralizadora, sus historias están llenas de esperanza y de personajes enternecedores, valientes y creativos, con los que los niños y quizás también sus padres, logran identificarse.

–¿Qué viene en adelante? –

Amalia está viviendo un muy buen momento en su vida profesional y personal. A Albin Michel le gustó mucho su libro ‘El león y los escarabajos estercoleros’ y podría ser uno de los primeros en ser traducido. A los franceses les parece que es como una huelga de los éboueurs (los empleados públicos que recogen la basura, un oficio que tiene muy mala reputación. Se les solía decir a los niños, “si no estudias vas a terminar de éboueur”) y la idea de que se rebelen les encanta–.

Con su último libro también planea hacer una película animada. Tomó un curso de guión y empezó a trabajar con Carlos Smith.

Por último, Amalia tuvo una nueva revelación recientemente al vivir unos días en el bosque. Siente que la naturaleza la está llamando y acaba de comprar una finca cerca a Bogotá para sembrar comida. –Mi abuela materna era una campesina japonesa y yo me siento en contacto con mis ancestros. Oigo voces que me dicen “aquí es un buen lugar para sembrar los shitakes”–, cuenta medio en burla y medio en serio. Como su apartamento, que está lleno de matas, parece que la vida de Amalia entra en una primavera de siembras, germinaciones y florecimientos, pero esto no fue un camino fácil.

Algunas personas no son conscientes que la buena literatura infantil no tiene nada de fácil y básico y no distinguen a los verdaderos artistas de tan abundantes autores de libros tontos y planos o aburridos y “pedagógicos”. Pero detrás de los cuentos de Amalia hay una reflexión profunda y una gran sensibilidad e una inteligencia moral. Como mucho del arte de Colombia es fruto de una historia de violencia, de lucha, de resiliencia y esperanza, sólo que sus libros pueden ser disfrutados por toda la familia.