Gracias a la tecnología, nuestros hijos están expuestos a un conocimiento invaluable. Pero también, a distracciones y adicciones. ¿Cómo lograr el equilibrio? Nuestra autora comparte algunos consejos.

Que levante la mano quien le ha dado una tablet o un celular a su hijo para que se distraiga o para que deje de llorar. La mayoría de padres lo hemos hecho, me incluyo. “Para que se calme un ratito”, he dicho en varias ocasiones. Entonces, ¿quién soy yo para cuestionar a otras madres que han recurrido alguna vez a la tecnología como su salvación?

Tanto se habla sobre este tema, que hay personas a favor y en contra. Muchos estudios defienden los beneficios del uso de la tecnología en niños como herramienta de apoyo escolar y de estímulo a la investigación.

Otros análisis, en cambio, señalan consecuencias negativas del uso de la tecnología, como el aislamiento de los más pequeños, debido a la poca interacción social en la que los niños pueden incurrir en esta etapa, al suplantar los juegos digitales por los tradicionales y de mayor contacto con otros niños de su edad.

Mis dos hijos –el mayor de 5 años y la menor, de 3 – recurren a la tablet y a mi celular porque les gusta ver videos musicales en Youtube (La Granja de Zenón y La Gallina Pintadita). También les he descargado juegos con una función más educativa, entre ellos algunos útiles para aprender las letras, armar rompecabezas y pintar.

Cada vez que salgo de viaje les doy la tablet por turnos. También llevo conmigo otras herramientas como rompecabezas físicos y libros para pintar, para que también realicen otras actividades en las que tengan mayor motricidad y les permita un equilibrio.

Generalmente, a mis hijos les gusta escuchar música infantil a la hora del almuerzo. Antes les ponía los videos en Youtube, pero noté que se había vuelto un hábito y no me gusta que a la hora de la comida se distraigan observando videos, pues se aíslan con facilidad. Si quieren escuchar alguna canción específica coloco Spotify y la escuchamos. Al principio se quejaban pero se terminaron acostumbrando. De nuevo, lo que importa es el uso que le demos a la tecnología.

Los videos a la hora de comer pueden ser muy comunes, dicen algunas mamás. Incluso, algunas citadas más adelante en este texto, aseguran que es más cómodo y menos estresante, en especial, a la hora de la comida.

Hace cuatro años consulté a un pediatra sobre esto y él me dijo que un niño debía estar preparado para comer sin videos y sin ninguna de estas tecnologías digitales, porque para el niño se vuelve un hábito.

 

El uso responsable de la tecnología

Alguna vez fui a una reunión de padres en el jardín al que asisten mis hijos y tocaron el tema de la tecnología en casa. Cada madre llevaba un problema diferente, a veces uno más grave que otro.

Durante esa cita, la psicóloga concluyó que la tecnología ya estaba entre nosotros  y que no podíamos darle la espalda, pero teníamos que ser conscientes de las reglas que imponíamos en casa para que los niños hicieran un uso responsable.

Antuanet Tuesta, educadora inicial y mamá de Nuhad, de 12 años, y Tarek, de 5, considera que “el mundo virtual supone una forma de enseñanza distinta a la que ofrece el mundo real y, siendo ellos nativos digitales, encuentran en los dispositivos como tablets o smartphones algo que va de acuerdo a su estilo de aprendizaje”.

El mundo está inmerso ya en la tecnología, es algo imparable, dice Ana María Barcenas, psicóloga y mamá de Diego, de 7 años. “Bloquearle la tecnología a los niños es permitir que no estén preparados y que estén en desventaja con aquellos  que sí están usándola”. Esta especialista afirma que el uso debe darse siempre con moderación.

Con ella coincide, Laurel Maldonado, mamá de Emanuel de 2 años, quien considera que los niños se ven beneficiados, “ya que van creciendo acorde a la evolución tecnológica”, aunque  resalta la importancia de supervisar los contenidos que ven y evitar una posible adicción a la tecnología.

Por su parte, Barcenas se apoya en la tecnología para educar a su hijo. Por ejemplo, utiliza Youtube para que estudie inglés con videos de canciones y  tiene también juegos educativos como rompecabezas. Además utiliza el iPad por seguridad: tiene una aplicación a través de la cual Diego puede llamarla a ella y a su esposo, en caso de una emergencia.

 

¿Control o negociación?

Lograr un uso correcto de la tecnología por parte de nuestros pequeños va de la mano del control que hagamos en su tiempo de uso.

En casa tenemos reglas, los niños pueden usar la tablet y celular, por un tiempo no mayor a 20 minutos los fines de semana, con algunos juegos y si utilizan Youtube, siempre será bajo la supervisión de un adulto.

Así concuerda, Anna Wong, mamá de Xavier, de 3 años y de Martín, de 3 meses. Ella limita el uso especialmente de Youtube, porque aunque su hijo mayor observe videos infantiles, asegura que “a veces se filtran videos que ha hecho gente inescrupulosa”. Siempre hay que estar pendiente, asegura.

Pero la tarea de controlar el uso de la tecnología en los niños no es del todo sencilla, dice la especialista Antuanet Tuesta. Ella piensa que es complicado especialmente cuando son más grandes como su hija mayor, quien tiene 12 años.

“Cuando son muy pequeños se les quita de las manos y listo, pero cuando ya son mayores, es mucho más difícil porque se ha generado dependencia y además el púber-adolescente está expuesto a la presión social que lo llevará a estar conectado (disponible) para su entorno 24 horas al día, 7 días de la semana”, asegura.

No se trata de restringir, sino de regular e incluso “negociar con nuestros hijos respecto al uso de la tecnología y hacerle ver que no todo es beneficioso”, dice Tuesta.

Lo importante es no ser extremistas y asegurar que la tecnología es completamente negativa. Hay que tener claro que el control de los contenidos en las nuevas plataformas y el tiempo de exposición que tienen nuestros niños, la tecnología podría llegar a convertirse en un problema.

Es un hecho que no se puede aislar a los más pequeños del mundo virtual, pero hay que presentarles la tecnología como un abanico de opciones, donde se puede aprender, reforzar conocimientos, aprender a comunicarse, e incluso descubrir nuevas formas de divertirse. El equilibrio es la clave.

 

 

Foto por: Hal Gatewood