Es muy fácil ceder ante la tentación de asignarles a tus hijos roles que no les corresponden, o esperar que sean lo perfectos que tu no fuiste, escribe Mary Carmen Ambriz y da algunas pautas para no caer en errores frecuentes en la crianza.

¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que queremos controlar todo lo que ocurre alrededor de nuestros hijos? ¿Cuándo fue la última vez que pensaste que las cosas saldrían de una manera y no fue así? ¿Te has imaginado que eres directora de cine y que quieres que la escena salga perfecta?

Piensa por un momento. Tienes poco tiempo para realizar un trabajo que te están pidiendo y que te comprometiste a hacerlo. Debes ver que tus hijos coman, hagan la tarea, se bañen, jueguen un rato —sin pleitos—, tomen una ligera merienda y se duerman. Y en medio de esas actividades, por si fuera poco, avanzar en tu proyecto o esperar a que se caigan rendidos. Casi cuentas con un altavoz en mano, te la pasas dando indicaciones que no se cumplen hasta que te desesperas y el orden de las cosas esta vez sí altera el producto: tus nervios, tu frustración, el desencanto.

Considera que los niños se sienten agobiados en sus roles asignados, ellos tienen dos opciones: asumir el papel que les toca o rebelarse para no hacerlo —aunque finalmente terminen por ejecutarlo—.

Aquí el asunto es que los niños vayan adquiriendo consciencia —se logra de manera gradual— en sus responsabilidades. No les estás pidiendo cosas que no son de su edad, sólo que cumplan con sus obligaciones.

Como casi todas las mamás hemos caído en el error de creernos, aunque sea por unos momentos, que somos directoras de cine. Nos ha ido mal en ese rol. Aquí van algunos tips para evitar desempeñar ese papel que no nos corresponde:

  1. No pienses que tú tuviste una pésima infancia y que tus hijos merecen lo mejor para que no sea similar a que lo que viviste. Eso es una trampa mental que nada tiene que ver con ellos, son historias distintas. Si no logras separar tu infancia de la de ellos, necesitas trabajar en ese punto.
  2. Tus hijos necesitan tiempo de calidad contigo, el que puedas brindarles. El berrinche o el pleito entre hermanos puede ser una manera de llamar tu atención. Recuerda que los niños lo que quieren es salirse con la suya y no distinguen mucho si estás de buen humor o enojada, de todas maneras les harás caso. Y ellos quieren que les hagas caso a toda costa.
  3. Como dice Shefali Tsabary en su libro ‘Sin control’ (Ediciones B, 2017), “la incapacidad de permitirnos a nosotros mismos o a nuestros hijos ser considerados menos que perfectos es triste”. Y es cierto, queremos hijos perfectos y eso es lo más alejado de nuestra realidad. No deseamos que se equivoquen como nosotros ni que cometan nuestros errores, sino que triunfen, que salgan a ser los atletas, gimnastas, genios matemáticos, abogados implacables, políglotas, artistas gráficos y talentosos empresarios que nosotros nunca fuimos. ¿Eso les estamos exigiendo?
  4. ¿Cómo asumes la imperfección de tus hijos?, ¿cómo vives sus defectos y virtudes?, ¿alguna vez te has puesto a pensar en esto?
  5. Los niños tienen derecho a no ser perfectos, dales esa oportunidad. No se trata de caer en conductas complacientes y en esos amores “malos” que no fomentan la superación sino que ellos vivan inmersos en la mediocridad.
  6. Les llamo “amores malos” porque es la incapacidad de los padres o madres de familia se fomentar que sus hijos alcancen sus metas, al contrario, fomentan niños caprichosos. Así como lo lees, si tus hijos siempre se salen con la suya lo único que harás es provocar que vivan en el conformismo y no se esfuercen en nada. ¿Para qué se van a esforzar si siempre les resuelves todo?
  7. Actitudes demasiado complacientes con tus hijos dan por resultado malas acciones. El niño crece creyendo que es el pequeño dictador que tiene poder de decidir todo lo que ocurre en su vida y en los alrededores —y eso incluye la escuela. Conocí a una mamá que tiene tres hijos, dos chicas adolescentes y un niño de ocho años. El niño vive con su madre y sus hermanas, su padre no está con ellos. La mamá viaja mucho por su trabajo y sus hermanas se encargan de ver asuntos del niño, aunque no es su responsabilidad. El niño está muy consentido por su madre y la mayor parte del tiempo le dice que él es el rey de la casa, el hombre que las cuida, y ella hace lo que quiere el mini monarca. ¿Adivina cómo se comporta el niño en la escuela? Es un chico solitario, casi no tiene amigos porque fanfarronea lo bueno que es en todo y además, quiere ser el centro de atención, pero como no lo logra, les pega y juega muy violento con los demás. Sus compañeros de su clase no lo soportan. Ahora ya sabes por qué razón le hace daño su madre. Esos son los “malos amores”. Seguro conoces varios casos así.
  8. “Si nos aceptamos como imperfectos, marcamos la pauta para nuestros hijos. El grado en que ellos aceptan sus imperfecciones tiende a ser el mismo en que nosotros aceptamos y respetamos las nuestras”, refiere Shefali Tsabary, doctora especialista en psicología clínica.
  9. Cuando nosotros le damos responsabilidades a nuestros hijos, y somos capaces de dejar que las cumplan o se equivoquen, les estamos brindando la oportunidad de crecer como seres humanos.
  10. Si tienes prisa o eres una persona poco tolerante, no dejes que tus hijos te ayuden con las tareas del hogar o en otras cosas. Porque no tendrás la capacidad de aceptar sus errores y caerás en lo que has criticado muchas veces: la perfección con la que te educaron a ti.

De verdad, espero que te sirvan estos puntos para que sigas haciendo una gran labor: la de ser madre.