Aunque abunden los mitos, los beneficios de las vacunas son indiscutibles, escribe nuestra autora. Además, comparte consejos sobre cómo reducir sus efectos adversos, en caso de que los haya.

Las vacunas han tenido grandes beneficios en la humanidad, pues previenen enfermedades que antes causaban grandes epidemias, muertes y secuelas. Nos ayudan a librar mejor una batalla contra la enfermedad, son una especie de equipo que nos proporciona lo necesario para salir triunfantes. Benefician tanto a las personas vacunadas como a las personas no vacunadas y susceptibles que viven alrededor.

En cierta ocasión, la pediatra que ve a Ana Luisa me contó de un padecimiento que tuvo uno de sus pacientes y que por no haberle administrado una vacuna a tiempo, el niño no pudo resistir a la enfermedad. Esa historia me dejó sin aliento.

 

Mitos antivacunas

A pesar de ello, hay mitos en torno a las vacunas. Sé de algunas madres de familia que se han negado a las vacunas de sus hijos y prefieren reforzar su sistema inmunológico de otra manera.

Sin embargo esta no es una opción óptima, ya que está en juego la salud de los niños. Decirle no a las vacunas es negar que hubo un avance en la medicina y, en cierta forma, significa retroceder en el tiempo.

De hecho, existe un movimiento antivacunas que recorre el mundo y se basa en historias sin fundamento. Tal vez puede resumirse cómo la inconsciencia de los padres de familia ante sus hijos, quienes no tienen la culpa de la cerrazón ideológica de sus padres que les impiden del derecho a ser vacunados.

En Australia si los padres se niegan a vacunar a sus hijos, tienen consecuencias: se les elimina el apoyo en el centro de salud e, incluso, los padres pueden llegar a tener problemas legales por esta omisión que va en contra de la vida de su hijo y de la comunidad en donde viven.

 

Vacunarlos desde que nacen

Desde que nuestro bebé nace es importante tomar conciencia de su salud. Nosotros como padres de familia debemos hacer equipo con el pediatra y trabajar en favor del bienestar integral de nuestro hijo. Para lograr ese propósito, es necesario tener completo el cuadro básico de vacunación.

Este carnet, cartilla, cédula, tarjetón, lista, como se le denomine en el lugar donde resides, es un documento de identificación de tu hijo que van a solicitarte cuando ingrese a sus primeros años de educación preescolar o cuando lo inscribas a sus primeras actividades recreativas: natación, estimulación temprana, apreciación musical, entre otras.

Las vacunas son antígenos que, administrados desde el exterior, desencadenan una respuesta de formación de anticuerpos o defensas en el organismo. Esa respuesta en el organismo significa que nuestro cuerpo se vuelve inmune frente a agentes patógenos concretos.

Siempre los riesgos de la vacunación serán inferiores a sus beneficios, y no es mejor padecer la enfermedad que recibir la vacuna: con la vacunación adquirimos protección ahorrándonos la enfermedad.

Ningún avance de la medicina ha logrado salvar tantas vidas como las vacunas, gracias a ellas las enfermedades que se percibían como amenazas dejaron de existir o disminuyeron su poder exterminador.

No obstante, es importante tener en cuenta diferentes cuestiones  para minimizar el riesgo, muy bajo, de efectos secundarios. Estas precauciones deben tenerse en cuenta y considerarlas en la valoración del médico previo a cualquier vacunación.

 

¿Qué reacciones puede producir una vacuna?

La mayoría de las reacciones que pueden producirse tras la administración de una vacuna  son leves y pasajeras.

Las reacciones más frecuentes son pérdida de apetito, enrojecimiento e hinchazón en el punto donde se inyectó y fiebre ligera.

Todas estas reacciones suelen desaparecer al cabo de dos o tres días. Sin embargo, los pediatras recomiendan que si estos síntomas perduran tras la administración de una vacuna, lo más oportuno sea acudir al médico.

Recuerdo que siempre fuimos muy disciplinados, Alejandro y yo, en cuanto al control de vacunas para la pequeña Ana Luisa.

En México suele ocurrir que en los centros de salud escasean las vacunas, luego surten y continúan vacunando a los niños. En nuestro caso no quisimos arriesgarnos y decidimos vacunar a la niña a nivel particular. Fue una inversión que, a largo plazo, resultó beneficiosa. En caso de que la bebé tuviera alguna reacción, la  pediatra le recetó a la niña paracetamol y que, después de la aplicación de la vacuna, llegáramos a bañarla. Y que Ana Luisa ya no saliera de casa hasta el otro día.

Mediante las vacunas se ha logrado erradicar la viruela, la poliomielitis, el sarampión ha dejado de ser un problema frecuente en nuestro medio (causa frecuente de encefalitis y minusvalías psíquicas hace tan sólo unos años); también conviene recordar que ya no se presentan casos de difteria y otras enfermedades como la tosferina, el tétanos, la hepatitis B y las meningitis meningocócicas están siendo controladas

Actualmente para reducir el número de inyecciones se utilizan las vacunas combinadas; es decir, vacunas en las que en una misma inyección se juntan varias vacunas, como es el caso de la vacuna hexavalente que le hace frente a la difteria, la tosferina, el tétanos, haemophilus influenza tipo b, polio y hepatitis B.

Las asociaciones pediátricas de cada país recomiendan seguir una pauta cronológica para administrar las vacunas, en función de las normas de salud internacionales. En algunos países de Latinoamérica se puede optar por dos formas de vacunación: a nivel particular o por medio de los hospitales de salud pública.

Vacunemos a nuestros hijos, no esperemos al último momento, sigamos con rigor los tiempos definidos para que nuestros bebés crezcan sanos, felices y seguros.

 

Fuentes:

Familydoctor.org – Vacunas en la niñez

Vacunas y niños ¿qué son?¿para qué sirven?

El País – Quiénes son los antivacunas