¿Qué hacer para combatir la hipersexualización en la que niñas y niños caen por cuenta de la música y la cultura en general? Mary Carmen Ambriz da algunas pistas.

Vivimos en tiempos en donde la información fluye y cada vez nuestros hijos están más expuestos a situaciones que nos gustaría evitar.

No podemos hacer que se la pasen en una burbuja reconfortante, en donde no correrán ningún peligro; sin embargo, los excesos de herramientas para tener acceso a internet, la moda y la manera en que las niñas y niños han ido perdiendo cada vez más sus rasgos propios de la infancia, hacen que se viva una hipersexualización infantil.

Esto quiere decir que, ante los demás, a pesar de que siguen siendo menores de edad, se comportan como adultos en miniatura. Por ejemplo, los concursos de belleza han vuelto a las niñas en pequeñas mujeres que ya se arreglan maquillan, peinan y visten como si tuvieran más de 18 años, cuando en realidad tienen de 5 a 8. Son menores de edad y ya usan tacones, van a camas de bronceado para acentuar en tono de piel, viven estresadas por cómo deben verse, y le dan más importancia a si sus pestañas cubiertas de mascara que a su propio desarrollo escolar.

Estas niñas-princesas, niñas-modelo, niñas-actrices, niñas-bailarinas, niñas-cantantes, son todo menos niñas de su edad: se vuelven el blanco perfecto para acabar con lo que les queda de infancia.

Las mamás viven a través de ellas una vida de lujo y glamur que acaso hubieran querido para ellas mismas, pero que por circunstancias del destino no estuvieron ahí para bailar, cantar, memorizar diálogos, modelar y verse hermosas ante los ojos de los demás. Son madres que presumen a sus pequeñas hijas, la belleza que tienen y que ya deben empezar a conservar, pues son sometidas a estrictas dietas y rutinas de ejercicio extenuante que sólo causa más estrés entre las jóvenes participantes a estos concursos.

Las niñas son un reflejo de una sociedad burda que impone ideales de belleza y crea estigmatización en quien no los cumple. Son niñas que, en medio de la deformación que les ha tocado vivir, creen que si su color de piel es oscuro deberán aclararlo porque las rubias y blancas de piel triunfan en la vida. Desde ese momento, las mamás, el resto de la familia y la sociedad misma es cómplice de colocar falsos estereotipos de belleza y no fomentar que las niñas se acepten tal y como son. La discriminación racial se ejerce en varios lugares.

Por eso debemos fomentar valores en nuestros hijos para acabar con ese tipo de ideologías que sólo dañan la esencia y diversidad de la nuestra sociedad.

El otro día en Facebook fueron noticia las fotos que se tomó una chica en su cumpleaños número doce. Tenía un enorme globo con los números que anunciaban su aniversario doce, pero nadie podía creer que tuviera esa edad. La joven estaba vestida con faldas tan entalladas que no dejaba nada a la imaginación, además de que se veía que usaba una tanga de hilo dental para cubrir su zona íntima. Las imágenes se viralizaron y un portal de noticias tuvo a bien cubrir el rostro de la chica.

No sólo es el alto contenido sexual que manejan en su vestimenta, también la música influye mucho en la información que tienen las nuevas generaciones. Antes no se escuchaban canciones como las de Maluma, quien presume de sus cuatro babies; tampoco canciones como la de Ricky Martin en dueto con Maluma.

En el verano pasado tuve que recoger a mi hija de un curso de verano, en otro salón estaban los niños de kínder, preprimaria y primero de primaria cantando a coro “Despacito”. La piel se me erizó, fue inevitable. La letra de “Despacito” no es apropiada para niños.

Los anteriores ejemplos de canciones que mencioné no son nada al lado de una cantante brasileña, de escasos veinte años, que la mayoría del tiempo que está en el escenario se la pasa de espaldas moviendo las nalgas, cola, asentaderas, pompis —como se le diga en tu país— de una manera muy singular. Estoy segura que casi podría sostener una lata de refresco sin derramarla, pues menea el trasero todo el tiempo, hace un movimiento candente, sexual. Se llama Anitta y es o ha sido novia de Maluma. Anitta hizo un dueto con un chico transexual, Pablo Vittor, ambos interpretan la “Sua cara”. Invito a que madres y padres de familia vean el video e imaginen que las chicas que más siguen a Annita son niñas que van de 5 a 17 años. Las niñas intentan arreglarse como ella y mover el culo como la cantante.

¿Esos son los referentes culturales que queremos para nuestros hijos?

¿Alguien puede decirles a las niñas que no se es más mujer si se mueve el trasero de esa manera? ¿Hasta cuándo, como sociedad, seguiremos fomentando una cultura machista que no hace más que denigrar la autoestima de las mujeres? ¿Dónde está la voz de alguien cercano a la niña para decirle que no debe menear así su trasero porque estará enviando un mensaje erróneo a los chicos de su escuela?

¿Qué podemos hacer ante esta situación? La información y la hipersexualización en la música ahí está. Nos corresponde a nosotros como madres aceptar que se vuelvan seguidores de estas personas. ¿Es apropiado? ¿Por qué no lo es? ¿Por qué sí lo es? ¿Qué le está dejando a mi hijo o hija de educativo?

Actualmente existen una serie de herramientas que se pueden instalar para limitar el acceso a varios sitios de la web. No sólo para evitar este tipo de mensajes con demasiada información sexual, sino también para saber qué están viendo nuestros hijos y, lo más importante, que no empiecen a dialogar con extraños porque la mayoría de las veces no son la persona que dicen ser.

Es importante que no dejemos pasar tiempo sin hablar con nuestros hijos, debemos saber qué les interesa y que no. Un hijo que se siente querido, que puede entablar una buena comunicación con sus padres de manera cordial, no tendría un motivo para buscar a alguien en quien confiar. Resulta esencial crear redes de apoyo: saber quiénes son los padres de los amigos de nuestros hijos y ubicarnos en sectores sociales donde exista coincidencia de pensamiento, valores y respeto a la integridad y desarrollo de las niñas y niños.

Detengamos un poco nuestro acelerado tren de vida y reflexionemos si realmente estamos dándoles educación de calidad a nuestros hijos, y si podemos desarticular mensajes que sólo desequilibran la conciencia de los menores de edad.

 

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