“Tarde o temprano a todas las mamás nos toca enfrentar cara a cara a la varicela. Lo mejor es estar preparadas para saber qué hacer ante esta incómoda enfermedad viral”, escribe Mary Carmen Ambriz.

Lo recuerdo muy bien. Una mañana de diciembre fuimos invitados a una posada* de niños donde habría intercambio de regalos y mucha diversión. Al final del día, ambos, padre e hija de tres años, regresaron de la posada cansados y contentos. Yo no habia ido por cuenta de mi trabajo.

Tiempo después de aquella fiesta, exactamente tres días más tarde, recibí una llamada de la directora del kínder: “Señora, buenos días. Por favor, venga por su hija. Notamos que tiene febrícula y unos brotes rojos en la piel. Mi experiencia me dice que es varicela. Por favor, llévela con su pediatra para verifique si es lo que le digo.”

Cuando escuché la palabra varicela sentí angustia. Recordé que una de las peores etapas de mi niñez fue cuando la padecí y era realmente incómodo sentir esa sensación en el cuerpo. La varicela, que en inglés se le conoce como chickenpox, es una de esas enfermedades que es mejor que la sobrelleven cuando son pequeños, pero es un tanto complicado enfrenarla.

Tras la opinión de la directora del kínder, Alejandro fue el primero en desacreditar su veredicto. No obstante, algo en mí le concedía la razón. Sólo había una manera de salir de dudas y resolver el asunto: ver a la pediatra cuanto antes. Fui al kínder a recoger a Ana Luisa y su papá nos iba a alcanzar en el consultorio médico, al sur de la ciudad.

El vaticinio de la directora fue acertado: era varicela. No cabía la menor duda. La pediatra recetó paliativos para soportar la comezón y la fiebre. Dijo que como ya la habíamos vacunado, los síntomas iban a ser más leves que si no tuviera la vacuna. Indicó que no saliera de casa y tampoco tuviera contacto con niños en diez días. Me recomendó que permaneciera pendiente de la evolución de los brotes en la piel.

Pasamos los días de encierro. Creo que lo más incómodo para la niña era que, cuando la bañaba, me daba cuenta que las ronchas habían llegado ya a la zona genital. Con un cotonete impregnado del líquido que le recetaron, con cuidado colocaba en cada granito un poco de esa sustancia que evitaba el imperioso deseo de rascarse. La niña tenía huellas de varicela en la cabeza (cráneo y cuello), abdomen, manos, rodillas, piernas y pies.

Tuvimos que dar aviso en la escuela y a los invitados de aquella fiesta pre-navideña. Resulta que unos niños que asistieron a la posada habían tenido varicela en días pasados y su mamá aseguraba que no contagiaban. Ana Luisa no fue la única que se contaminó de varicela, tres más cayeron en cama por el mismo asunto. Las secuelas de la fiesta.

Conozco a una mamá que cada vez que se entera que uno de sus conocidos tiene un cuadro de varicela, pide que su hija esté en contacto con ese niño enfermo y no se contagia. Es tal la obsesión de la señora por la enfermedad, que cuando supo que estaba mi hija en casa por los granitos, casi me felicitó y le dio mucho gusto. A mí no. Aunque digan que es mejor que los niños padezcan varicela antes de la adolescencia, me pone mal ver a mi hija enferma, siempre es algo nuevo ver cómo mejora y es necesario estar muy atenta de sus síntomas.

Lo cierto es que todas las mamás, tarde o temprano, tendremos un enfrentamiento cara a cara con la varicela. Gracias a esta enfermedad viral pasaremos 10 días en aislamiento, deberemos ser más creativas que de costumbre y ayudar a que nuestros hijos soporten las molestias. Nunca faltará el consejo de la abuela, la tía o la amiga; sin menospreciar estas recomendaciones, debes consultar antes con el pediatra si alguna de estas recetas naturales no afectarán el desarrollo de la enfermedad en tu hijo.

Lo que debes saber acerca de la varicela según los especialistas:

  • Su primera manifestación es el sarpullido, una primera oleada de manchitas rojas que causan comezón.
  • Hay síntomas de una gripe y puede que la temperatura oscile de 37.5 a los 38.5°C.
  • Los granitos se asoman primero en el tronco, luego en la cara, la cabeza y en las extremidades. Y a veces en más partes del cuerpo (pies, manos, interior de la boca y zona genital).
  • Poco a poco la erupción se transformará hasta convertirse en costras.
  • No es recomendable darle al niño una aspirina ni recurrir a remedios caseros, lo mejor es ir al médico para revisen a tu hijo y le receten lo necesario.
  • Se cura con reposo y no requiere propiamente de antibióticos sino de productos que alivien la comezón y la fiebre.
  • Dependiendo del paciente infectado y su sistema inmunológico, la varicela crea inmunidad permanente y solo aparece una vez en la vida como la mayor parte de enfermedades eruptivas propias de la infancia (sarampión, rubeola y otras).

En esa ocasión, las vacaciones de diciembre se adelantaron. Ana Luisa no puso asistir la última semana de clases y nos quedamos en casa a que se repusiera de esos brotes incómodos que generan comezón. Cada vez que en la escuela de mi hija dan aviso de que hay una epidemia de varicela, no me preocupo. Ya pasamos por eso, ya me tocó librar esa batalla.

* Posada: fiesta pre-navideña que se realiza para conmemorar los días en que María y José pidieron posada o albergue para que naciera el Niño Jesús. Son tradicionales en México.