Muchas madres y padres latinoamericanos se arriesgan por desviar el camino educativo tradicional. En esta nota exploramos las experiencias de madres que enseñan, padres que aprendieron solos y educadores que reflexionan cuánto hay de conservador o de radical en el homeschooling.

Martina tiene nueve años y no quita sus ojos rasgados de la tablet que sostiene entre manos. Lee y relee nombres de plantas y árboles. Martina revelará su conocimiento ante un público nuevo: su examen no será frente compañeros de su edad sino frente a un grupo de amistades de su madre y padre.

Preparada de coloridas cartulinas, frascos germinadores y una tablet con sus imágenes escogidas, la niña transmite con seguridad su conocimiento sobre los procesos de elaboración de alimentos por parte de las plantas. Finaliza su presentación llamada “Fotosíntesis en casa” y pregunta si quedaron dudas. Las personas invitadas sonríen y, acto seguido, aplauden para dar lugar al intercambio de ideas. Su docente nuevo la mira emocionado y parece mirarla con la admiración de un progenitor. Pero sí… ¡es su padre!

Carla Moreno, de 39 años, trabaja en el área de salud, es una mamá que apuesta por la escuela en casa y cuenta cómo fue su elección al nacer su primera hija, Alina, que ahora tiene seis años. “Siempre me ha parecido la escuela en casa una opción excelente. No pude hacerla por completo antes porque trabajaba en horarios poco flexibles. Desde que era bebé Alina vino conmigo a trabajar y luego cuando ya era más grande iba a un jardín de educación alternativa durante unas horas”, comenta.

Gabriela Cordón de 41 años, coreógrafa y maestra de danza, describe el día a día de su experiencia con su hijo Lucas, hoy adolescente, en un blog bilingüe con la mayor parte del contenido en  inglés y otro poco en español. “Educamos en casa porque la vida es corta, y queremos pasarlo con nuestra gente favorita (nuestra familia), en nuestro lugar favorito (nuestro hogar), aprendiendo juntos y participando en el descubrimiento del mundo de nuestro hijo”. En su bitácora detalla los senderos que hace varios años los llevaron a ubicar el estudio en las habitaciones de la casa. Esta bailarina optó por organizar la currícula de la educación de su único hijo tras acordar que la escuela del pueblo en que viven no responde a las expectativas familiares. Así, comparte ejercicios de gramática, geografía y otras ciencias en el blog, y destaca recursos educativos y redes sociales que estimulan la enseñanza de contenidos escolares en el hogar.

Los beneficios para los niños dentro de este esquema se reflejan, según las madres encuestadas, en el florecimiento de la creatividad y el interés por la vida, así como en un aumento del interés por la lectura y ¡los números y cálculos! Algunas madres señalan que sus retoños demuestran en el calor de sus casas inquietas ganas de vivir, pasión por los animales y rescatan el valor de cercanía a sus familiares.

Destacan la posibilidad de no tener horarios rígidos. “De no apurar ningún ritmo y disfrutar la vida. De salir a la playa cuando no va nadie y cuando todos van a la playa quedarnos en casa. “Disfruto de ver a mis hijos crecer juntos”, dice Moreno y suma: “Creo en la educación libre. Y también le dedicamos todo el tiempo. Siempre estamos aprendiendo diferentes cosas. Una no aprende según horarios determinados. No aprende solo cuando está leyendo un libro. Si le dijera eso a Alina pensaría que solo cuando está sentada frente a una pizarra va a aprender y creo que no es así. Viajamos, vamos de compras al mercado, a comprar pan, a la plaza a jugar y en cada momento aprende cosas distintas. Conversa con la gente y les pregunta para ir aprendiendo todo el tiempo”.

Críticas y beneficios

La educación en casa es una tendencia en aumento. Si bien no hay estadísticas oficiales, el año pasado el portal El Mundo señaló algunas cifras que son reveladoras respecto del fenómeno. En Australia: 20000 familias aplican el modelo educativo. En Canadá: 1500 estudiantes ‘homeschooling’ se han graduado siguiendo este esquema de educación informal. En Irlanda: entre 1500 a 2000 niños son educados en sus hogares.  En el Reino Unido: hay  60000 niños estudiando bajo este sistema y según datos del sitio Homes Cool en los Estados Unidos entre 2017 y 2018 se contaron más de 1,6 millones de jóvenes hasta 17 años, entre hispanos y estadounidenses estudiando bajo el modelo ‘Homeschooling’. Por último, para el cono sur específicamente en Chile, se estima que existen alrededor de 200 familias que optan por la educación en casa.

Por su parte, la investigadora en educación Verónica Mayer de la Universidad Virtual de Quilmes, agrega que, a nivel general, los beneficios del aprendizaje en casa son variados. Entre ellos se cuentan la experiencia educativa en pequeños grupos, la atención y seguimiento personalizado de cada niño en su proceso de aprendizaje; la experiencia de madres- padres maestros: fortalecimiento del vínculo y la comunicación; la flexibilidad en los horarios de clase en comparación con la escuela y no es necesario movilizarse; el aporte de internet: acceso a contenidos, actividades, grupos y recursos educativos en general y específicos para homeschooling tanto para los chicos como para los padres.

Iván Ivanoff es especialista en investigación y desarrollo con nuevas tecnologías en constante diálogo con universidades y espacios de educación no formal. Consultado acerca de esta tendencia, afirmó: “como aprendedor soy autodidacta, pertenezco a una generación cuyos intereses distaban de lo que uno podía consumir en lugares ortodoxos, aunque esto no es una justificación porque tampoco terminé el colegio secundario. Tuve la suerte de saber qué quería aprender y me dediqué a buscarlo por mi cuenta. Como padre no cumplo con ningún patrón excéntrico, no puedo estar seguro de que mi camino fue el adecuado. Mis chicos van a un colegio normal porque creo que para ellos son importantes las relaciones sociales que se dan en los colegios. Pero eso no quita que todo el tiempo les este mostrando cosas. Me gusta que mi hija sepa que si tiene una duda no tiene que esperar a que la maestra o un padre se decida a saciarla, sino que ella pueda buscar en internet la respuesta. Estamos en otros tiempos, ya no es un conflicto la información, el punto a guiar es en la búsqueda y como relacionarla para poder sacar conclusiones”.

Ashley Barnther, una inglesa que vivió unos años en Buenos Aires, explica de qué manera se organizó para dar continuidad a las clases de sus hijos en una ciudad ajena, cuyo sistema educativo no respondía las expectativas de los progenitores. “Tenemos un horario fijo para escuela en casa.  Nos desayunamos a las 8:00 de la mañana y empezamos escuela a partir de 8:30 o 9:00 hasta a las 4:00 de la tarde. Dedico muchas horas para planificar, leer cosas para ayudar, y corregir sus tareas.  Salimos cada día a las 4:30 para deportes, talleres, y jugar con amigos”. Ashley señala que sus desafíos fueron en ese momento los de quebrar la burbuja de aislamiento propia y en la que podían sentirse sus hijos.

Fabio Tarasow es maestro, licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires y Magister en Comunicación y Tecnología educativa por el ILCE (México). Desde su coordinación del Proyecto de Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) se refiere al fenómeno de la escuela en casa con algunas críticas: “Es frecuente encontrar una idea errónea de lo que significa educar, bajo las propuestas de ‘homeschooling’. Se considera que la educación es simplemente un acto individual de acumulación de información y de contenidos. Lo que importa es que el alumno sepa cada vez más. Así se deja de lado todo un importantísimo aspecto de la educación que es la socialización, el diálogo, la construcción de conocimientos y de habilidades que se da en tanto uno va entramando su interacción con los otros. No vamos a la escuela para absorber conocimientos si no para aprender a pensar, para formarnos como sujetos que vivimos en una sociedad a la que pretendemos entender (y en muchos casos mejorar)”.

Vivir en ciudades pequeñas con pocas opciones educativas, querer personalizar los conocimientos de nuestros hijos e hijas, ser progenitoras viajeras, o simplemente tener un espíritu rebelde ante el sistema educativo conocido, son solo algunas de las razones por las que volcarse a hacer ‘homeschooling’. Por lo tanto, la educación y sus diversas opciones son temas en los que hay mucha tela para cortar.

“Cuando una familia empieza con esto puede resultar difícil porque hay muchas dudas y miedo sobre el futuro de los chicos. Para mí a veces es mucha responsabilidad. Por eso, una red de apoyo con otras familias haciendo lo mismo sirve para ayudar en este camino. Otro dilema es que otra gente puede ser muy critica de esta elección. Es importante tener confianza en la decisión y contar con la habilidad para recibir críticas” reflexiona Ashley.

En cada país hay reglas diferentes sobre la posterior revalidación de conocimientos. En algunos países esta modalidad no se contempla en las legislaciones educativas, pero tampoco se la prohíbe. Quienes educan en casa deben dirigirse a los ministerios de educación de cada nación para averiguar fechas de exámenes oficiales y entrega de certificados. Por último, relatos, clases y orientaciones sobre educar en casa inundan la internet. Los foros para homeschooling, con familias muy activas en las redes, son invitaciones concretas para confrontar y decidir si optar (o no) por esta elección.

Por último, Carolina Gruffat, coordinadora de investigación en Humanidades Digitales de la Escuela Técnica ORT,  aporta un punto de vista que nos permite pensar esta experiencia con la extensión del acceso a internet y el papel de la escuela. “Nuestros entornos virtuales están cada vez más personalizados y acotados a nuestros intereses o concepción del mundo. Algunas lecturas críticas de este fenómeno hablan de las limitaciones de estos ‘filtros burbujas’, que nos encierran en lo conocido, o de importantes sesgos raciales, de género, etc., presentes en los algoritmos de la web. Lo que esto trae aparejado es un debilitamiento de un espacio que podríamos llamar ‘interés general’.  En este contexto la escuela viene a ofrecer otro tipo de experiencia y pasa a ser un lugar donde nos encontramos con lo que es distinto o lo imprevisto. Claro que la escuela también está sesgada: no es lo mismo una escuela de gestión pública que una de gestión privada, y esto está moldeado también por la comunidad local, pero es el lugar donde por lo general nos encontramos con ‘lo otro’. Con ello la escuela se vuelve un espacio que cobra un nuevo valor”.

¿Qué opinas sobre el método de homeschooling ? Cuéntanos si la considerarías una opción para educar a tus hijos.