Los juguetes para niños no se han actualizado a la par de un mundo en el que las mujeres están presentes en todos los espacios de la producción y la educación, y en el que los hombres cocinan y crían.  

Los juguetes para niños no se han actualizado a la par de un mundo en el que las mujeres están presentes en todos los espacios de la producción y la educación, y en el que los hombres cocinan y crían.

En la víspera de navidad, Clara se duerme pensando en todos los juguetes que le esperan empacados en el árbol. Entonces, por la magia del espíritu de las navidades del presente, llega al país de los juguetes.

En otros tiempos, este podría ser el primer acto de una encantadora obra infantil inspirada del Cascanueces de Dumas, con soldaditos de madera, arlequines y muñecas doctoras que salvan a los heridos de una batalla contra ratones de peluche. Pero hoy en día, el país de los juguetes es una dictadura sexista donde juguetes de niños y de niñas viven en la más estricta segregación. Las muñecas de niña están obligadas a seguir leyes de vestimenta más duras que en la peor teocracia. El rosa y los pasteles son de rigor en tules con brillantina, tacones empinados y coronas. Los muñecos de niño, que ni siquiera tienen derecho de llamarse así, sino “figuras de acción” deben sufrir mutaciones genéticas, inyecciones de anabólicos e implantes cibernéticos para convertirse en superhéroes o máquinas de matar.

Como en esta pesadilla imaginaria, este diciembre, los pasillos de almacenes, sitios web y catálogos de distribuidores de juguetes de Colombia parecían concebidos por un dictador nostálgico que desearía perpetuar anticuados y exagerados estereotipos de género. 

Muñecas “para niñas” con ojos más grandes que la cintura, ropa transparente y provocativa, tacones y accesorios frívolos. Además del culto a la violencia y la testosterona, los juguetes para niños promocionan películas que no son aptas para ellos según su clasificación.

Como en esta pesadilla imaginaria, este diciembre, los pasillos de almacenes, sitios web y catálogos de distribuidores de juguetes de Colombia parecían concebidos por un dictador nostálgico que desearía perpetuar anticuados y exagerados estereotipos de género.

Pepe Ganga, Dima, Alkosto, Hasbro, Éxito y Falabella dividen los juguetes según las categorías “para niños” o “para niñas”, aunque ninguno de los juguetes requiera ser operado por algún sexo en particular, como sí sucede con algunos juguetes de adultos. Por ejemplo, la página de entrada de Falabella era una composición simétrica del niño conduciendo vehículos de juguete y la niña jugando a las princesas. En la misma página, la primera categoría de juguetes “para niños” son los drones; mientras que “para niñas” se propone variedad de sets de maquillaje.

Al pasearse por los pasillos de Pepe Ganga se pueden observar varias tendencias:

• Muchos juguetes que eran unisex como la plastilina, los juegos de construcción, los juegos de mesa, los patines y hasta los naipes ahora tienen versiones distintas para cada sexo.
• Casi todos los juguetes científicos, electrónicos y de construcción avanzada como los drones telescopios, robots, o las maquetas se mercadean con fotos de niños y colores vivos propios de ellos.
• No existen bebés para niños. Todo lo que tiene que ver con el hogar y el cuidado de los niños es rosa, con fotos de niñas en las cajas y se exhibe en un pasillo específico con pendones rosa de princesa.
• Se empieza a proponer versiones femeninas de juguetes tradicionalmente masculinos como las armas. Pero mientras la tendencia en los niños son las metralletas hiperrealistas con tambores que giran, para las niñas, Nerf, el líder en el mercado, creó unos arcos medievales rosa que no se ven nada amenazantes.
• La segregación por sexo ha llegado a los juguetes de los bebés y niños tan pequeños que ni siquiera entienden qué es un niño o una niña.

El imaginario asociado a esta segregación choca con el mundo actual, donde las luchas feministas han llevado a una mayor integración y derechos compartidos para hombres y mujeres. Es curioso que en una época en que las mujeres manejan, lideran empresas, realizan prácticamente todos los mismos trabajos que los hombres y la mayoría de estudiantes universitarias son mujeres, en el universo de los juguetes la operación de maquinaria, vehículos, telescopios sea exclusiva de los hombrecitos.

Se pretende en cambio que las niñas esperen en casa un príncipe que las convierta en princesas y que se embellezcan para tal efecto o que jueguen a hacer la comida, el té, pasear el bebé en un cochecito rosa, decoren tiaras y tacones, cosan, maquillen, peinen, hagan compras, sean cajeras de supermercado, o ayuden a los doctores con unas cofias y delantalcillos que no se usan en los hospitales desde hace décadas y sólo existen en el universo paralelo de la pornografía.

El fenómeno es aún más extraño si consideramos que el de los juguetes es uno de los pocos campos en que la causa feminista contra la exclusión basada en el género ha retrocedido recientemente. Los padres de hijos pequeños no vivieron semejante segregación en el mercadeo de juguetes. “Yo no entiendo esta obsesión de mi hija con las princesas. Nosotras nunca fuimos así”, se queja ante sus antiguas compañeras de colegio la madre de una niña de 6 años. “Yo nunca me atrevería a regalarle un bebé a un niñito. Y sé que les encanta el juego de pasearlos. Uno no sabe cómo vayan a reaccionar los papás”, dice otra. Una más que se considera feminista, confiesa que para el cumpleaños de su hijo entregó sorpresas diferentes para niños y niñas, pues no logró encontrar juguetes unisex.

Por qué es un problema
Todo responde a una lógica comercial. Los fabricantes y comercializadores de juguetes buscan vender más al multiplicar la oferta de productos y las gamas consagradas exclusivamente a niñas o niños. Pero esto hace más difícil la mixidad y el juego compartido. Así, el juego de monopolio de “Frozen” excluye a los niños. No es de extrañar que niños y niñas jueguen mucho más separados hoy en día, con lo que se pierde la oportunidad que da el juego de aprender a relacionarse entre los sexos.

Otro problema es que con los roles de género estereotipados que los juguetes perpetúan, las mujeres llevan las de perder. Dado el aumento de la anorexia, quizás debería evitarse exponer a las niñas a muñecas con cuerpo de modelo y extremadamente delgadas que no les ayudan a desarrollar una relación saludable con sus cuerpos.

Además, los juguetes de niños son más diversos y los invitan a salir al mundo, a la aventura y la competencia y se relacionan con actividades más valorizadas socialmente como la ciencia y la ingeniería. Mientras que los de niña están confinados al universo de lo doméstico y lo íntimo.

Según dice la científica computacional Patricia Ordóñez, de la universidad de Puerto Rico, una de las explicaciones de la ausencia de mujeres en las ciencias computacionales tiene que ver con el mercadeo de los primeros computadores como juguetes de niños. Típicamente, en los años 80 el único computador de la casa estaba en el cuarto del niño. Cuando estos llegaban a la universidad a estudiar programación, eran mucho mejores que sus pocas compañeras mujeres, pues llevaban varios años programando.

En marzo de 2016 la universidad Nacional de Colombia lanzó la serie web ‘Andrea y la ingeniería’, que busca remediar las cifras arrojadas por el estudio “Mujeres en la educación Superior”, del Ministerio de Educación que mostraba que sólo había un 9% de mujeres en ingeniería Mecánica, 10 % en Eléctrica, 14% en Electrónica y Telecomunicaciones y 26 % en Sistemas y Telemática. El mercadeo de los juguetes pareciera, en cambio, estar dando la pelea por continuar cerrándoles estas puertas.

Por otro lado, los juegos típicamente femeninos desarrollan las capacidades de lenguaje y enseñan empatía. Sería deseable que los niños, que son en general menos precoces en este campo, también pudieran jugar con ellos. Pero este es quizás el tabú más grande. Un niño no puede jugar a las barbies o a darle el tete al nene. Esto es además muy desafortunado en un país de madres solteras y padres ausentes, donde los hombres no sienten que el cuidado de los hijos tenga que ver con su sexo y su rol en la sociedad. Se sabe que si se lograra revertir esta realidad sería una forma de salir del círculo de la pobreza de estos hogares, además de generar unas condiciones laborales y sociales más justas para las mujeres e, incluso, un mejor desarrollo emocional de los hijos.

Por todas estas razones varios colectivos feministas y padres de familia de Estados Unidos y Europa han lanzado campañas como “Let toys be toys” para incitar a los niños a jugar con todo tipo de juguetes sin importar el género. También han obligado a grandes marcas y distribuidores a dejar de mercadear y clasificar los juguetes por género. En todos estos casos estas campañas han sido señaladas por grupos religiosos críticos de lo que llaman “ideología de género”, quienes se oponen a ver fotos de niños jugando con cocinitas o niñas disparando.

Campañas que han obligado a grandes marcas y distribuidores a dejar de mercadear y clasificar los juguetes por género

El catálogo deToys are Us sueco es neutro al género.

En Colombia recientemente fuimos testigos de lo poderosos que son estos grupos así que no es claro que para la próxima navidad vayamos a despertar de esta pesadilla de tiaras y drones, en un mundo tipo Cascanueces donde niños y niñas jueguen juntos con sus juguetes unisex.