El paso de la lactancia materna a la leche de fórmula puede ser una etapa difícil para muchas madres. Se necesita mucha constancia, paciencia y amor para acompañar a nuestros bebés en esta nueva etapa.

Soy madre de dos niñas y desde el comienzo de la lactancia supe que quería darles leche materna de manera exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Como muchas madres lo saben, dar teta no es fácil.

La leche toma tiempo en bajar, hay que aprender a colocar bien al bebé para que succione sin lastimar el pezón y supone la disponibilidad total de la madre, pues solo ella puede alimentar al bebé, lo que limita las horas de sueño y la posibilidad de hacer otras actividades en paralelo.

A pesar de la complicidad innegable que se genera entre madre e hijo con la teta, tarde o temprano llega el momento de suspender la lactancia ya sea por razones laborales, porque no sale tanta leche como antes o porque la madre y el bebé sienten ganas de pasar a una etapa de mayor independencia.

El destete es un camino largo en el que se necesita constancia, paciencia y amor para acompañar a nuestros bebés en esta nueva etapa. Como madres no queremos que nuestros hijos sufran y nos preocupa que el rechazo al biberón pueda afectar su alimentación y por ende su crecimiento y desarrollo. Tanto con mi hija mayor como con la menor, el proceso se dio paso a paso. Sin prisas ni afanes. Con cada una me di un plazo de un mes (flexible) el cual iba adaptando según su ritmo.

Para ese entonces, ellas ya comían compotas y purés lo cual reducía las tomas de leche a unas seis o siete por día. Por recomendación del pediatra, empecé reemplazando una toma de leche materna por un biberón. Comencé eliminando una de las tomas de la mañana y, cuando la bebé lo aceptó, suprimí una de las tomas de la tarde y, así sucesivamente, hasta reemplazar las tomas de la noche y de la madrugada.

Los primeros teteros fueron de leche materna (que me sacaba con un extractor) pues la idea no era cambiar abruptamente el sabor de la leche, sino que la bebé se fuera acostumbrando poco a poco a chupar de un biberón de plástico y aceptara que otra persona que no fuera yo la alimentara. No fue fácil. Sobre todo, con la menor. Victoria rechazaba el tetero y se saltaba hasta dos tomas seguidas. Era capaz de aguantar seis horas sin comer hasta que llegaba la hora de la teta. Tuvimos que probar diferentes marcas de biberones y de chupos hasta que encontramos los que le gustaban.

Cuando la niña se sintió a gusto con el biberón, fuimos reemplazando el contenido por leche de fórmula siguiendo el mismo concepto de una toma a la vez. Así como ocurrió con el chupo, tuvimos que probar tres marcas de leche hasta que encontró su favorita.

La sustitución más complicada fue la última toma de la noche pues Victoria estaba acostumbrada a dormirse en mis brazos mientras tomaba teta y luego la pasábamos a la cuna. Para calmarla, tuvimos que crear un momento de abrazos y arrullos luego del biberón en el que ella permanecía contra mi pecho y yo la mecía hasta que se quedaba dormida. Muchas noches eso no bastó y tuvimos que meterla en el cochecito y darle vueltas por el apartamento hasta que se tranquilizara.

Justo en medio de la transición hicimos un viaje a Colombia (vivo en Francia) y durante el vuelo transatlántico opté por darle teta para no complicarme con los controles de los biberones en la aduana. El vuelo de ida y vuelta estuvo estupendo. Victoria estuvo calmada, pero al regresar estaba reacia a tomar de nuevo el tetero. Lo mismo sucedió en dos ocasiones en las que estuvo enferma y tuvo fiebre. Solo quería teta y estar pegada a su mamá. Aunque al cabo de unos días volvió a aceptar los biberones, hay que tener presente que el destete no es un proceso automático.

Un cambio en la rutina del bebé como puede ser un viaje, una enfermedad, la dentición, etc., puede causar retrocesos y bloqueos por lo que hay que armarse de paciencia y recomenzar desde cero.

¿Cómo fue tu proceso de destete? 

Con Eloïse, mi hija mayor, el destete fue más fácil. Siempre ha sido una niña curiosa e independiente y fue ella quien dio señales de querer parar la lactancia. Durante la etapa de sustitución, se impacientaba cuando la leche de la teta se demoraba en bajar y se retiraba del seno llorando por lo que teníamos que prepararle rápido un tetero para calmarla.

También nos dimos cuenta de que, al estar contra mi pecho, su campo de visión se reducía por lo cual le resultaba más entretenido estar sentada en mis piernas o recostada en su coche mientras se tomaba el tetero y veía todo lo que pasaba a su alrededor. Aquí el proceso fue más duro para mí, pues en apenas tres semanas la niña ya estaba completamente destetada mientras yo todavía tenía ganas de mantener el vínculo de la lactancia con ella.

Mi recomendación para llevar a cabo un buen destete es no apresurarse. Escuchar las necesidades de la madre y del bebé e ir adaptándose al ritmo de cada uno. Si saben que deben volver al trabajo en seis semanas, comiencen a familiarizar al bebé desde ya con el biberón y, recuerden, que es normal que el bebé rechace marcas de teteros, chupos y leches. Habrá resistencia, pero, aunque nos parezca una lucha eterna, siempre será pasajera. Como bien dicen los pediatras, un bebé no se deja morir de hambre. Podrá saltarse varias tomas de leche, pero en algún momento del día tendrá que comer.

No se les ocurra quitarle la teta de un día para otro ni se desaparezcan durante una semana para obligarlo a tomarse el biberón a la fuerza. El bebé debe aprender, prepararse y aceptar esta gran separación de su madre y un destete forzado solo generará angustia y malestar.

Lo que sí deben ofrecer sin medida son abrazos, besos, caricias, arrullos y sonrisas. El bebé debe entender que, aunque perdió la teta como fuente de alimento, no ha perdido el amor ni la presencia de su madre. Que ella seguirá estando ahí para consolarlo, consentirlo, protegerlo y amarlo.