No siempre es fácil, lo sabemos. Por eso nuestra autora comparte algunos consejos sobre cómo hacer al padre parte del embarazo y la crianza de los hijos.

Quizás no te lo ha dicho, pero desde que le contaste esa noticia que también se convirtió en el acontecimiento de su vida, tu pareja comenzó a cuestionarse si estará a la altura de las circunstancias. Y por más padre que se esté proponiendo ser, es difícil que desde el embarazo se sienta igual de involucrado que nosotras. Tenemos que ayudarlo.

De la noche a la mañana él también quedó envuelto en un torbellino de sentimientos encontrados. Primero la noticia, saber que viene un hijo en camino puede generarle incertidumbres de todo tipo.

Luego, durante el embarazo, vivirá la exigencia y la felicidad de acompañar exámenes, estudios, clases de preparación para el parto y otros asuntos para los que, si nos ponemos de acuerdo, al sexo masculino jamás lo prepararon.

Él puede cuestionarse por qué se le está exigiendo tanta participación, si a los varones de la familia nada de eso se les exigía hasta hace un tiempo. La sombra de su padre puede que se le aparezca, y será inevitable en ese contexto que ante su futuro rol, resurjan en él las experiencias, buenas y malas, de su infancia con su padre. Así construirá su modelo de paternidad.

Su cuerpo no experimentará ningún cambio hormonal. Pero aunque no se le hinchen los pies, ni le salgan estrías y su panza siga igual de flaca o gorda, puede ir viviendo a la par nuestras experiencias, físicas y emocionales del embarazo, si nosotras se las compartimos y lo animamos a que exprese sus emociones, dudas, necesidades para escucharlo y aceptar sus razones.

Entonces, ¿cómo ayudarlo?

Lo ideal es que nos cuente todo eso que siente. A algunos habrá que darles un empujoncito más fuerte que a otros. Esa imagen de fortaleza y seguridad que desde el afuera se les impone poco ayuda.

No podemos dar por sentado que siempre tiene que estar ahí, listo para lo que sea. ¿Y si de verdad le fue imposible salir de la oficina para acompañarte a esa ecografía o le aterra presenciar el parto, tiene miedo a desmayarse y no soporta ver sangre? Escuchémoslo. Esas clases que nos darán con la excusa de irnos preparando para el parto son una oportunidad buenísima para el diálogo.

Yo deseaba mucho que él estuviese ahí conmigo en el parto recibiendo a los mellizos. Si bien en mi país ya era un derecho ganado por ley, que una persona, la que fuera, estuviera ahí acompañando en el trabajo de parto ya sea sea vaginal o por cesárea, en mi hospital había que realizar un trámite para el parto por cesárea y como todo trámite llevaba su tiempo, burocracia y que te cuestionaran por qué.

Mi marido no estaba para nada convencido de hacerlo y me decía “para qué, para qué comenzar esta historia tan linda del nacimiento de los mellizos pidiendo algo que sabemos molesta”. Me llevó un tiempo, pero acepté su punto de vista. Y nada malo sucedió. Cuando llegué a la habitación después de la cesárea él ya estaba con los bebés. Y todos felices.

El embarazo es de los dos, pero muchas veces nosotras, las mamás, lo hacemos solamente nuestro, o pensamos que por ser la madre, tenemos la verdad de todas las cosas y al padre lo vamos dejando ahí, de accesorio, relegado. Por eso, cuidado.

Nadie mejor que vos, que lo conocés, para saber cómo integrarlo. Escuchalo, respetá cómo él quiere vivir su paternidad. Él está igual o hasta más nervioso que vos por todo lo que se viene… ¡y de a dos es todo siempre más fácil y disfrutable!

¿Cuál consejo darías a una madre primeriza para que vincule a su esposo durante el embarazo?