Una mamá cuenta su experiencia en un curso de estimulación temprana. Explica las razones por las que recomienda esta actividad para los bebés y para sus padres.

Alejandro, el papá de Ana Luisa, tuvo la idea de llevar a nuestra bebé a las clases de estimulación temprana. Cuando la pequeña cumplió tres meses, ya estaba lista para ingresar a las filas de ese mundo de cantos, juegos y colores.

En ese tiempo desconocía todo lo relacionado con la estimulación temprana. Poco a poco fui entendiendo el método y las ventajas que los bebés puedan fortalecer sus músculos, su capacidad de reacción y de razonamiento; fui testigo de cómo los niños y niñas iban adquiriendo seguridad para relacionarse con otras personas y aprendieran a comunicarse a través de sonidos y, más tarde, pronunciar sus primeras palabras.

Después de unas clases, me uní al grupo de mamás en donde Alejandro era el único papá a cargo de una nenita. Aprendí canciones, una manera distinta de sobarle la espalda a mi hija, de darle masaje y también empecé a notar que le gustaba mirar a otros bebés a su alrededor.

Entre risas, aplausos y el equilibrio de los primeros pasos, Ana Luisa fue cursando varias etapas. Cada vez que la cambiaban a un nivel distinto, tenía una simbólica ceremonia de graduación en donde su instructora hablaba de sus logros y el esfuerzo para pasar a otra etapa de desplazamiento físico e intelectual. La pequeña se sentaba en una escalinata de esponja y la encargada de matricular a la pequeña a otro nivel lanzaba burbujas de jabón mientras todos los asistentes aplaudíamos y cantábamos. Un ritual que emocionaba mucho a los pequeños, les tomábamos fotos y nos acompañaban las personas más importantes de nuestra familia. Cada ciclo duraba de dos a tres meses, dependiendo del desarrollo motriz del bebé.

Ana Luisa fue niña de estimulación temprana de los tres meses al año nueve meses, cuando ingresó a la estancia preescolar o maternal. Por la manera  que tuvo de expresarlo, parece ser que fue muy feliz. Durante ese tiempo aprendimos:

  • A darle mansaje relajante a la bebé, de forma suave.
  • Nuevas canciones más relacionadas con el lenguaje y no solamente con los arrullos de cuna.
  • A colocar a la bebé acostada boca abajo, con la finalidad de que moviera su cabeza de un lado al otro.
  • Nos motivaron a contarle más cosas a la niña, desde cuentos, mostrarle los objetos del entorno hasta breves explicaciones del día y la noche.
  • Que es apropiado hablarles a los bebés cuando se les da de comer o se les cambia el pañal, de esta forma se desarrolla la capacidad de comunicación y los lasos entre padres e hijos.
  • Ayudar a que los bebés se sienten apoyados en las palmas de las manos. Si los pequeños lo logran, es importante felicitarlos y motivarlos.
  • Llamarlos por su nombre, apareciendo y desapareciendo de su vista.
  • Enseñarles cómo se llama cada parte de su cuerpo permite que el niño tenga un mejor control de sus movimientos y que pueda reaccionar de forma apropiada.
  • El ritmo de la música los ayuda a coordinar sus movimientos.
  • El gateo es importante para su desarrollo psicomotriz. Y cada vez que vayamos al pediatra, el doctor nos preguntará si gateó o no, y a qué edad lo hizo.
  • Es importante proporcionarle al bebé superficies donde pueda practicar el gateo en casa, sin que exista peligro de muebles y objetos de vidrio para no ponerlo en riesgo.
  • Leerle cuentos a los bebés estimula su desarrollo, mostrarles las imágenes, que vayan aprendiendo a seguir la historia. Se recomienda apoyarnos con libros que son especiales para bebés, hechos son tela, plástico y diferentes texturas, pensados especialmente para el tacto de los niños en etapa preescolar.

Cierta ocasión, Alejandro recomendó estas clases a una mamá que acababa de tener a su hijo. Le respondió que no, que ella no estaba dispuesta a que su pequeño se volviera inquieto antes de tiempo, que la estimulación temprana les daba más energía de la necesaria. Hay personas que como ella piensan de esa manera; no obstante, creo que carecen de la información necesaria y en realidad es sólo una falacia o un pretexto relacionado con la flojera de llevar a los niños a este tipo de clases en grupo.

Yo le debo dos cosas a la iniciativa de Alejandro de que nos involucráramos con las clases de estimulación temprana: el desarrollo armónico de Ana Luisa (que en esos primeros meses de vida fue fundamental tanto a nivel psicomotriz como intelectual) y que cuento con un grupo de amigas con quienes coincidí y que hasta la fecha seguimos reuniéndonos con mucho gusto porque la vida nos hizo cómplices de una aventura que continuamos disfrutando día con día: ver crecer a nuestros hijos.

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