Paciencia, respeto por la voluntad del niño y creatividad han sido los secretos de Juliana Achury para sobrellevar la falta de apetito de su hijo de 17 meses. En su artículo comparte consejos útiles de alimentación.

Mi hijo tiene 17 meses (¿cuándo deja uno de contar en meses?). Ya no toma fórmula de soya, sino leche de arroz, ya no tiene 8 dientes, sino 12, y ya no le gusta nada de lo que hace unos días le gustaba. Alimentarlo es una hazaña, y lo único que puedo decirles es que aprendí a no involucrarme emocionalmente con sus patrones alimenticios. Si él no quiere comer, no hay nada que yo pueda hacer.

La aparición de las muelas, cuatro al tiempo, trajo otra serie de retos ya que hay una nueva constante en nuestras comidas: dolor.

Pero he aprendido más cosas en los últimos dos meses y aquí unos nuevos consejos:

  1. Pregunten al pediatra cuánta leche debería estar tomando al día su bebé y puede que se sorprendan al ver que toman mucha más de la que realmente necesitan. Luego del año la leche debería ser una bebida y uno una fuente sustancial de alimento.
  2. Si la falta de apetito persiste intenten una nueva táctica, a nosotros nos ha funcionado esta: más comidas, más pequeñas.
  3. Para bebes que están en dentición ofrezcan cosas frías que puedan morder. Paletas de fruta (solo la fruta licuada sin azúcar) o helados de fruta (bananas congeladas con avena y canela, o con moras). Las puntas de una baguette rellenas de aguacate o huevos (se rascan las encías con el pan y luego se comen el relleno!). Pero también recuerden que comer con dolor debe ser horrible y si ellos no quieren comer no hay que obligarlos.
  4. Mantengan los horarios. A los niños les gusta la predictibilidad. Mantener horarios les ayuda a medir el tiempo y también les ayuda a mantener un ritmo en su día. Las horas de la comida son indicadores para ellos de lo que ya pasó y lo que ya viene. Mi hijo sabe que luego del almuerzo viene su leche y él mismo pide la siesta.
  5. No patrocinen comer de camino a menos que sea absolutamente necesario. Dejarlos comer jugando o en el carro, o mientras corren por la casa hace que no asocien la comida con ese momento familiar de calma y reposo. También es una táctica para poner su atención en otra cosa que no es la comida y eso ayuda a que no estén en sintonía con su apetito. ¿Quién no se ha acabado un paquete completo de papitas viendo televisión? Las distracciones nos alejan de nuestras verdaderas necesidades alimenticias.
  6. Todo lo que les gustaba la semana pasada es lo que rechazan hoy. En el mismo día mi hijo voltea la cara a una de sus comidas favoritas para luego comérsela toda tres horas después. No desesperen. Si lo que más comía era huevos y ya no quiere, ya en unos días volverá a comer.
  7. También luego de los 13-14 meses los bebés comienzan a mostrar más independencia y a establecer sus límites y sobretodo a entender el concepto de voluntad. Y la comida es una herramienta para expresarse. Decir NO es parte del proceso de independencia que quieren establecer. A mi hijo siempre le digo, con mucha calma (aunque por dentro no haya tanta) “si no te lo quieres comer está muy bien, pero ponlo en la mesa y no en el piso,” y lo saco de su silla si me muestra que no hay interés. Y ya no hay llanto. Aprender a respetar su voluntad y sus límites le ha ayudado a él mismo a comer mejor, a pedir su merienda y a subirse a la silla de comer sonriendo.
  8. No todos los niños comen mucho, ni todos necesitan lo mismo. Escuchen y estén atentas a lo que sus hijos piden. Ellos saben lo que necesitan. Ofrezcan variedad pero miren lo que ellos comen con más gusto. En mi caso yo veo que mi hijo disfruta de muchas cosas con grasas buenas: nueces, aceite de oliva, hummus (puré de garbanzo), aguacates y también muchas frutas. Ofrezco de todo pero él suele escoger esos alimentos por encima de otros.
  9. Por pura casualidad al reorganizar la cocina dejé una alacena a su alcance con las cosas que le gustan. Hay bolitas de cereal, galletas de soda, galletas de avena (y cajas plásticas para que juegue) y descubrí que a veces para que coma mejor lo más sencillo es que él mismo escoja. Él mismo abre la alacena y busca sus galletas y se va a la silla, y ahí yo le ofrezco una fruta para complementar. También tengo un frutero a la vista y él mismo señala y me pide una banana o una naranja. Siento que hay que darles la oportunidad de que escojan. A veces abrimos el refrigerador y él busca los frascos con las mantequillas de nueces que le gustan o las bolsas del pan hecho en casa.
  10. La comida no debe ser un premio, porque es el derecho de nuestros hijos y no un método de manipulación. Veo a menudo mamás que usan la comida como un premio a su comportamiento, “si te portas bien comemos helado luego”. Creo que el helado o golosina deberían ser parte de su alimentación, no una extravagancia, sino otro componente de un menú balanceado. Un poquito de helado de vez en cuando o unas galletas de chocolate de vez en cuando les enseñan que no hay comidas buenas o malas y que recibirlas no dependen exclusivamente de su comportamiento. Enseñar modales no debería estar conectado a recibir snacks ni la comida debería estar relacionada a las emociones.
  11. No piensen en los menús estándar. Si su niño disfruta del arroz y el aguacate, o el pollo con papas, pues ese puede ser un desayuno dentro de una tortilla de maiz. Y si prefiere avena con frutas en la noche entonces ese es el menú de la tarde. No tiene que tener cara de desayuno o de cena, lo importante es que lo disfruten.

Aquí un menú ejemplo para mi hijo (17 meses, 12 kg)

  • Desayuno 7am: Fruta en cubos, mantequilla de almendras en un pedazo de pan de aceite de oliva o pancake de banana. Agua.
  • Merienda 9 am: un waffle o galletitas de avena y un puré de frutas.
  • Almuerzo 11:15: Sopa de verduras (5-6 oz) hamburguesas de brócoli (cinco del tamaño de un pulgar hechas con avena, brócoli, zanahoria, cebolla, cilantro, sal y caldo de verduras), papitas al horno. Leche 8 oz para la siesta (12-2 pm)
  • Merienda 3pm: fruta en cubos y galletas con hummus.
  • Cena 5:45: Aguacate y gnocchis con aceite de oliva y especies. Fruta opcional. Leche 8oz para irse a dormir (7:15 pm)

He tenido mucho éxito con el pan hecho en casa, pan de aceite de oliva y pan de banana son “vehículos” muy buenos para añadir otros nutrientes. Los pancitos pequeños se pueden rellenar de pollo y verduras (para omnívoros), de queso y/o huevo (para vegetarianos), de frijoles negros y/o tofu con alguna salsa (para veganos). Al pan de banana se le puede añadir trozos de fruta antes de hornear (manzanas, peras) y semillas (chia, linaza, o nueces bien picadas).

Creo que lo importante es estar sintonizadas con nuestros hijos y respetar sus gustos y decisiones. Los niños no se van a dejar morir de hambre y he visto a mi hijo no comer bien varios días para luego comer muy bien otros tantos. Hay que aprender a seguir sus ritmos y necesidades.