Nuestra autora comparte cuatro razones por las cuales es mejor ser mamá joven, a pesar de los prejuicios y las opiniones de los escépticos que creen que una mamá joven es una mamá irresponsable.

Cuando nos convertimos en mamás todos a nuestro alrededor desean formar parte de ese gran evento. Familiares, allegados e incluso extraños no dudan en expresar la opinión acorde a su experiencia en relación a todo lo que implica el embarazo, el parto y la crianza.

Sobre todo si la edad en la que decidimos traer al mundo a un hijo no se ajusta a los estándares sociales. Allí es cuando comienzan las intromisiones más frecuentes y directas. Muchas de ellas están guiadas por la preocupación de quienes toman las acciones, puesto que al vernos  jóvenes nos creen frágiles e incapaces.

Sin embargo, por muy buenas que sean las intenciones después de cualquier comentario o acto, no dejan de hacernos sentir mal. Como mujeres en gestación, sobre todo cuando somos primerizas, estamos muy ansiosas y sensibles ante las intervenciones externas, por lo que somos blanco fácil para personas que con sus opiniones nos llenan de cuestionamientos y dudas, contradicciones y un sinfín de posibilidades en forma de consejos.

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Recuerdo con especial cariño las palabras que mi obstetra me dijo a pocos días de mi parto: “Tú eres joven, no tonta. Eres tú quien debe tomar las decisiones para tu hijo”. Esa frase se convirtió en mi mejor amiga y mi mayor arma cuando sentía la presión a mi alrededor, luego de convertirme en mamá con mis 22 años recién cumplidos.

Y es que hay un mito difundido de que las mamás jóvenes somos caprichosas, negligentes y no dudamos un segundo en dejar a nuestro pequeño al cuidado de otras personas con tal de librarnos de él para seguir con nuestra vida. Nada más alejado de la realidad.

De hecho, con el pasar del tiempo me he hecho mi propia lista de los pros de haber sido mamá joven. Los comparto a continuación para que la próxima vez que quieran hacernos sentir mal por ese simple hecho, les demos un vistazo:

Es ahora cuando tengo más energía

No hay duda que a medida que pasan los años se nos van haciendo cada vez más pesadas las actividades cotidianas por el desgaste del cuerpo. Criar un hijo es probablemente una de las actividades que más demanda energía. Es por ello que agradezco haber tenido a mi hijo cuando aún soy joven, porque puedo dedicarle el esfuerzo que él necesita sin sobreexigir a mi cuerpo.

La brecha generacional no es tan amplia

Comprender a nuestros hijos y apoyarlos en lo que desean forma parte de la maternidad. Para mí, este tema es especialmente complicado cuando la brecha generacional es demasiado grande. Tener una mamá de 30 y tantos cuando el hijo es adolescente significa una mayor empatía por los gustos y deseos de su hijo. Pero ojo con esto, que cada mujer y cada maternidad es un mundo.

Cuando él esté en sus 20 yo estaré apenas en mis 40

Quizá parezca algo banal, pero cuando pienso en el futuro me resulta muy agradable darme cuenta de que seguiré siendo joven durante la adolescencia y joven adultez de mi hijo. Quizá hasta puede que me confundan con su hermana mayor y no con su mamá.

Si quiero otro bebé puedo planificarlo y mantener los pros anteriores

Aún si espero a que mi primer hijo tenga cinco años para concebir el próximo, seguiré estando en mis 20, por lo que puedo seguir gozando de todos los beneficios de ser mamá joven.

Si algo me ha enseñado la vida como mamá es que, hagamos lo que hagamos, siempre va a haber alguien a quien no le parezca correcto el modo en que hacemos las cosas o la acción en sí misma.

La maternidad tiene muchas aristas, muchos matices y cada familia, así como cada mujer, es un universo entero de posibilidades. No existe ni existirá jamás un manual que aplique para todos los hijos e hijas del mundo, y, por lo tanto, tampoco habrá una única manera de hacer y llevar la experiencia de gestación, parto y crianza.

Es por eso que lo mejor para nuestra paz mental y sentirnos bien con nosotras mismas será hacer lo que el corazón nos dicte, y seguir el ritmo de ese ímpetu característico de la juventud. A fin de cuentas, como mamás siempre procuraremos lo mejor para nuestros hijos, independientemente de la edad que tengamos.