Al parecer, ser mamá viene con miedo y culpas. ¿Qué tan normales y justificados son? Nuestra autora responde las preguntas.

Como madre estoy evaluándome constantemente. Debo confesar que me autoimpongo calificaciones y a veces soy muy dura conmigo misma. Es parte de mi diario vivir desde que me convertí en mamá por primera vez hace 5 años.

Recuerdo el primer día que llegó a la casa mi hijo mayor después de su nacimiento. Durante la noche ‘no pegué un ojo’, de verdad no pude hacerlo. Trataba de dormir y pensaba que el niño se ahogaría a mitad de la noche. Entonces, sentía tanto miedo de perderlo que no lograba conciliar el sueño.

Los siguientes días seguía con la desconfianza, pero el cansancio era tan fuerte que me quedaba dormida.

Durante el tiempo que llevo siendo madre he entendido que los temores siempre estarán. De hecho, creo que sería un poco extraño no sentirlos. ¡Son parte de la vida de una mamá y hay que aprender a convivir con ellos!

Hoy puedo decir con cierta experiencia que mis miedos han ido cambiando a medida que mis hijos han crecido. Cuando eran más pequeños, no estaba segura si se estaban alimentando lo suficiente; sufría cuando se enfermaban (esto me sigue atormentando); y cuando iba al pediatra era como un examen que me hacían a mí.

Así también lo vivió Andrea Tobar, madre de Isabella, de 3 años y de Juan Andrés, de 9 meses. Ella se autoexigía demasiado con los cuidados que le daba a su hija.

Cada vez que ella tenía cita en el pediatra sentía pánico, temía que el doctor le dijera que su hija padecía de anemia o de alguna enfermedad. Además, “no podía estar tranquila si mi hija se movía o caminaba, pensaba que se iba a caer y se podía morir”, cuenta hoy Andrea, de 34 años, ya más relajada.

Pero cuenta que sus miedos cambiaron cuando llegó Juan Andrés. “Ya no pienso que le dará anemia si un día no quiere almorzar sano o que si se caen ocurrirá una desgracia”.

 

Nuevos temores

La mayoría de las madres solemos cuestionarnos todo, en especial cuando nos estrenamos en esta tarea. Es también parte de nuestro instinto maternal que nos lleva a querer siempre lo mejor para nuestros hijos.

La psicóloga educativa, Karina Alarcón, explica que esto es algo natural en las madres. “Siempre va a haber una cuota de temor, y no me parece malo, porque eso te genera acción y si fueras indiferente entonces simplemente no haces nada”, explica. “Estos temores te llevan a estudiar, a leer, a reflexionar, hacer las cosas como se deben hacer, a buscar la mejor opción [para tus hijos]”.

La especialista reconoce que las madres sienten mucha preocupación por hacer las cosas bien por sus hijos, y uno de sus tips para sobrellevar estas sensaciones es “no tener miedo a tener miedo, porque tener miedo es positivo”.

Ella incluso piensa que escuchar consejos es recomendable, mientras no se haga todo lo que dicen los demás, sino utilizar el criterio de cada mamá, “porque tu criterio lo más probable es que esté bien, porque funciona para tu familia y para tus hijos”.

De mis miedos como mamá primeriza he pasado a otros temores. Pienso en temas más profundos como su educación. El día a día con ellos hace preguntarme sobre los valores que les estoy inculcando, o qué tipo de personas estoy formando, si la escuela qué escogimos para el mayor es la correcta; qué tipo de relaciones interpersonales están haciendo. Menos mal en esos momentos aparece mi yo interior para calmarme.

Para Ana María Carrera, mamá de 4 hijos (Luciana, de 11 años; Federico, de 9 años; Antonella, de casi 3 años; y Gabriela de casi 2), sus mayores temores son respecto a la crianza. “Quiero que sean hombres y mujeres de bien el día de mañana, que sean buenas personas”, asegura.

Para Tobar el amor y respeto entre hermanos es fundamental en la crianza de sus dos niños. “Mi mayor temor es que se separen; mi deseo es que cuenten el uno con el otro siempre; que sean buenos niños; y sobretodo se conviertan en buenos adultos. No quiero que sean adolescentes parásitos, irresponsables. En serio, hay noches que eso no me deja dormir”, afirma.

Sin duda, la educación es un tema de preocupación para nosotros los padres. Janice Quejada (36 años) es mamá de Gabriela de 2 años y cree que por ser muy estricta con su niña, podría causarle daño psicológico. La entiendo. No caer en extremos es complejo.

Otro de los temas que a veces me quita el sueño es la violencia y el abuso infantil. Todos los días los medios de comunicación difunden noticias tristes sobre este tema y me aterra pensar que esto les pueda pasar a mis hijos. Cada vez que leo alguna noticia de este tipo lloro y pienso en ese niño.

Este es, sin duda, un tema sensible para todas las madres. “La seguridad de mis hijos, su integridad física, es mi mayor temor”, asegura Pamela Manzano, mamá de Gabriel, de 8 años, e Ivana, de 5.

“Saber que mis hijos pueden ser víctimas de abuso sexual me aterra. Les hablo mucho sobre sus derechos, les hago saber que tienen que defenderse y que nadie tiene permitido tocar sus partes íntimas; y lo más importante, que nunca deben guardar un secreto a sus padres”, comenta.

 

Buscando siempre respuestas

Siempre cuestiono mi rol, a veces incluso me comparo con otras mamás. Busco siempre respuestas a mis preguntas: ¿les doy suficiente calidad de tiempo (a pesar de que me dedico exclusivamente a su cuidado)? ¿Es suficiente el amor que les demuestro? ¿Mis cuidados son los idóneos para que no enfermen?

Manzano también piensa a diario sobre el tiempo que les da a sus hijos porque trabaja como asistente de gerencia y además es es ama de casa. “Me preocupa pensar si les doy suficiente tiempo de calidad a mis hijos. Al final del día estoy cansada mentalmente y muchas veces siento que me falta tiempo para compartir actividades con ellos que no sean rutinarias”.

Andrea Tobar, en cambio, cuenta que hace un mes consiguió un trabajo de medio tiempo y pasó culpándose por haber dejado a su hijo de 9 meses al cuidado de una niñera.

“Las primeras semanas me sentía muy culpable de dejar a mi bebé. Vengo de una familia donde el único que trabajaba era el papá; y era mamá quien se encargaba de la crianza y desarrollo de los niños, por lo tanto me pregunto si ahora que trabajo: ¿sigo siendo buena madre?”.

Esta madre  reconoce que se cuestiona frecuentemente, pero una de las situaciones que más la ponen a dudar sobre su rol, es ver a través de las redes sociales cómo otras mamás exponen la crianza de sus hijos. “Todo el mundo expone su vida y sus logros; y cuando veo mamás que quizás puedan hacer muchas cosas a la vez, me pregunto si yo lo estoy haciendo bien a mi ritmo y a mi manera”.

En la actualidad –a diferencia de otras generaciones– son muchas las mujeres que trabajan y combinan su rol de madre con el ámbito profesional. Es por ello que un cuestionamiento común –tal como le pasa a Tobar– es el de qué tan buena madre es alguien que debe ir a trabajar y dejar a su hijo al cuidado de una niñera.

Lo importante aquí, sea cual sea la decisión que una madre haya tomado, la culpa no debería existir. Los miedos, al contrario, al parecer nos mueven, mientras se mantengan en su justa dimensión.