Nuestra autora no se imaginó que iba a tener que hacerse esta pregunta durante el posparto y la lactancia. Lo bueno es que encontró respuestas que comparte en este artículo.

Todo empezó con un embarazo sano y equilibrado. Si bien al comienzo mi cuerpo rechazó mucha de la comida saludable que siempre quería –adiós a la piña, el yogurt y las ensaladas–, nunca entró en una faceta inmanejable de antojos.

Lo que sí hizo fue exigirme más carbohidratos y queso, mucho queso. Y le hice caso pero le negociaba: sí, vamos a comer harina, pero que al menos sea integral… sí, vamos a comer queso, pero sin desmedirnos…

Así llegué a la semana 40 de mi embarazo, con 12 kilos más –dentro de las recomendaciones de mi ginecóloga– y plenamente confiada en el mito que asegura que la lactancia materna, cual hechizo de Hogwarts, esculpe rápidamente la figura.

La primera semana del posparto me parecía estar viviendo un milagro. Perdí 9 kilos en 8 días y sin pasar hambre. Por el contrario, rescaté el apetito que había perdido en el embarazo. Ya no había náuseas y de nuevo era capaz de comer porciones como un adulto y no como un pajarito. Comía sin exagerar, pero sin escatimar: me estaba reencontrando con la comida.

Pasaron un par de semanas más y seguía en 59 kilos. Estaba a tan sólo 3 de mi peso antes del embarazo. Decidí no preocuparme mucho porque mi hijo estaba recién nacido y porque seguía creyendo que la lactancia materna iba a resolver esos últimos kilos de más por mi.

La dicha duró poco. Poco antes de que mi bebé cumpliera dos meses de nacido, noté unos gorditos que no había tenido ni embarazada ni recién parida. Estaban ubicados abajo de mi ‘cintura’ y alrededor de mis muslos. Al principio los inspeccioné con escepticismo e incredulidad -pensé que eran dramas de mi mente- pero luego, al ver y sentir que sí estaban ahí y que no eran producto de mi paranoia, me atropellaron la frustración y el engaño.

Inmediatamente en mi cabeza se armó un monólogo que iba más o menos así: “Un momento, ¿y no dicen que la lactancia materna quema muchas calorías? ¿O qué me dicen de estar 100% al frente del cuidado de mi bebé? ¿No se supone que cuando uno está más activo gasta más energía y se mantiene en el peso? ¿Por qué me gané la lotería de volverme gordita cuando debería estarme adelgazando?”. Me pareció una gran burla. Alguien en alguna parte de la galaxia me debía estar mirando reventado de risa, gozando de la ironía.

Y como soy obsesiva, cuando algo pica mi curiosidad, me zambullo a investigar como si mi existencia dependiera de ello. Quería –más bien, necesitaba– entender qué podía estar pasando dentro de mi cuerpo para subir de peso. La fórmula era aparentemente sencilla: estaba dándole pecho a mi hijo y no estaba comiendo en exceso. ¡¿Por qué no solo no estaba bajando de peso sino que estaba aumentando?! ¿Cuál era mi punto ciego, o gordo?

La exploración me llevó a encontrar información que me permitió entender mejor mi proceso y tenerme paciencia para navegarlo. En mi cuerpo se había fraguado una ‘tormenta perfecta’ que hacía muy difícil la pérdida de peso.

A continuación, les comparto lo que pude descubrir para que otras mujeres que pueden estar viviendo esta realidad encuentren, ojalá, algunas respuestas y un poco de calma.

1. La capacidad de nuestros cuerpos para deshacerse del peso extra no depende únicamente de la suma y resta de calorías consumidas y gastadas. Las hormonas deben estar en una sincronía especial para que la grasa acumulada se use como fuente de energía y desaparezcan los ‘gorditos’.

2. Y si algo pasa en el posparto es que el balance hormonal sale volando por la ventana. El cuerpo construyó un andamiaje perfecto y complejo a lo largo del embarazo para hacer posible la creación de nuestros bebés y, en cuestión de horas, con su nacimiento, todo cambia radicalmente.

La progesterona y la testosterona, dos hormonas que facilitan la quema de grasa, se van al piso. En paralelo, empiezan a aumentar los niveles de prolactina para producir la leche materna que nuestros bebés necesitan. Y la prolactina es una hormona muy inteligente. Cuando sube su producción, el mensaje que le envía a nuestro cuerpo es algo parecido a: “estamos alimentando a otro ser humano. Es importante que ahorremos energía para garantizar la producción de leche”. Y, por esa vía, aumenta el apetito y se inhibe la quema de grasa. Palabras más, palabras menos, durante la lactancia materna la prioridad para nuestro organismo es asegurar la calidad y cantidad de leche que nuestros hijos necesitan para crecer.

3. Y no para ahí. Con un bebé recién nacido suceden otras dos cosas: nos tiende a sobrar el estrés y a faltar el sueño. En estas condiciones, nuestro cuerpo segrega otra hormona, el cortisol, que vuelve la pérdida de grasa en una tarea aún más desafiante, y conciliar el sueño que tanto estamos necesitando, en un reto muy complicado.

Por todo esto, el panorama no es tan simple para muchas de nosotras. La posibilidad de perder el peso adicional no se reduce a que estamos quemando 20 calorías por onza de leche producida.

Si entendemos que hay muchas más variables en juego, podremos vivir esta etapa de nuestra vida sin trazarnos metas imposibles construidas alrededor de expectativas irreales.

No se trata de comenzar la lactancia con miedo, ni de satanizarla. Se trata de entenderla como el momento especial que es, con lo bonito, lo duro, lo bueno y hasta lo aburridor que puede tener.

Hoy, al comprender lo que mi cuerpo ha sido capaz de hacer, siento tranquilidad de que en algún momento haremos la transición a una nueva versión de mi figura. Por el momento, mi prioridad está en tratarme con cariño y ser generosa conmigo, alimentándome para tener energía y compensar la falta de descanso. El ejercicio para reacomodar todo irá retornando a mi vida, a pasos lentos y, ojalá, sin obsesiones.

Así que para esto no hay fórmula mágica. La lactancia sí tiene tintes de milagro pero para lo que de verdad existe: para dar alimento a nuestros bebés, y no para dejarnos como modelos de pasarela. Algunas lograrán entrar en su ropa vieja sin problema y sin demoras. Otras, como yo, tendremos que armarnos de amor propio, paciencia y mucha comprensión para redescubrir nuestro cuerpo después de una faena tan exigente como puede ser el embarazo y el posparto.

 

Fuentes:

“¿Qué pasa cuando pierdes grasa?”: https://www.saschafitness.com/que-pasa-cuando-pierdes-grasa/

“How to lose baby weight: hormone imbalance symptoms”: http://beyondfitmom.com/hormone-imbalance-symptoms/

“Cambios hormonales en el puerperio”: https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/cambios-hormonales

University of Gothenburg. “Hormone Prolactin Reduces Fat Metabolism.” ScienceDaily. ScienceDaily, 5 April 2009. www.sciencedaily.com/releases/2009/04/090402092