Nuestra autora reflexiona cómo la amistad puede sobrevivir la maternidad con la dosis correcta de paciencia y apoyo.

Creo que la verdadera madurez se logra cuando nos podemos desprender de las cosas y de las personas con apenas un poco de dolor que no nos quite el aliento, y que siempre nos permita ver la luz al final del túnel.

Lo he comprobado con los trabajos que he dejado, los viajes que se han acabado, las rutinas que se han agotado y las personas que se han ido de mi vida. La primera vez dolió demasiado, la segunda mucho, la tercera bastante y la cuarta… algo.

Finalmente, la vida es muy larga para esperar que todo, siempre, sea igual. Hablo sobre todo de la amistad.  Si cada quien vino al mundo a vivir su propio proceso, es poco probable que todos sigamos, siempre, por el mismo camino. Por eso la universidad me separó de algunos amigos del colegio, la vida profesional de unos cuantos; y la rutina, de otros tantos que quedaban por ahí.

Tal vez la maternidad sobreviva a esas purgas que vienen con la vida misma. Es probable que cuando queramos convertimos en mamás ya sepamos quiénes son esas personas que sobrevivirán las dudas, las hormonas y las desveladas con nosotras.

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Esas amigas que nos tomarán de la mano cuando tal vez queramos quedar embarazadas y los planetas no logren alinearse; esas que nos contarán el caso de la amiga de la amiga a la que también le está quedando difícil, solo para recordarnos que no estamos solas en el mundo; esas a las que llamaremos apenas veamos las rayitas de positivo en la prueba; las que soñarán con hacernos mil baby showers aunque apenas concreten uno, y a las que cada pancita o anuncio las hará pensar en nosotras. Esas que dejarán de ser amigas-hermanas para convertirse en tías.

Por eso, aunque la vida es muy larga y muchas personas vendrán y se irán, hay unas cuantas que, si ya han pasado lo más, estarán en lo que queda de la vida para vivir la completa felicidad y el más puro amor.

En mi vida no son muchas, pero esas pocas valen oro.

¿Y las que ya son mamás? ¿Cuál ha sido su caso? ¿La amistad ha sobrevivido después de la maternidad?