Este es el testimonio de una mamá inmigrante que como muchas no tiene familia cerca y sus días parecen maratones.

En la primera semana en la que viví del todo en Nueva York llegué a dos conclusiones: primero, mi vida en Colombia había tenido miles de comodidades a las que yo ya no ponía atención y daba por sentadas antes de ser una mamá inmigrante. Y segundo, el ‘hágalo usted mismo’ era un estilo de vida y no una elección.

Aunque fui hábil para cocinar, limpiar y ordenar cuando viví sola, siempre tuve ayuda, ayuda con la que aquí no cuento. Con la que muchas mamás inmigrantes como yo no cuentan.

Dicha ayuda en nuestros países de origen viene en primer lugar con la familia. Siempre está la mamá, la tía, las primas, las amigas, o también la posibilidad de tener una niñera. Aquí, sin familia, y con los exorbitantes precios del cuidado infantil, la ayuda comienza y termina por uno mismo. Mi vida aquí se ha convertido poco a poco en un grueso manual de Ikea con el que hago yo misma todo. Todo.

Este discurso no es una queja, es más bien una catarsis, para dejar de anhelar y sufrir por cosas que no voy a tener. “El sufrimiento es opcional” decía mi doula el día del parto cuando, después de 36 horas de contracciones, yo me SEGUÍA negando a la epidural. Lección aprendida, no voy a sufrir.

A mi hijo no lo cuidan sus abuelos, porque unos viven en otro país y los otros ya son muy mayores. Si tengo una emergencia no llega mi prima a quedarse a dormir, y la niñera viene de manera ocasional para poder salir a tomarme un café con mi esposo (¡ya ni salimos de noche porque nos quedamos dormidos!). Así que nuestro sistema de apoyo somos nosotros mismos. Y es agotador.

En un día normal yo me levanto a las 5 am para poder tomarme un café en silencio. Mientras tanto mi esposo camina a la perra, se baña, tiende nuestra cama y recoge el desorden del día anterior, luego desayunamos juntos, y cuando él sube a despertar a mi hijo yo hago tres almuerzos, limpio la cocina, pongo los platos en la lavadora, y la ropa en la máquina, le doy de comer al perro.

Cuando mi esposo y mi hijo bajan a que él desayune yo subo a arreglarme, recoger al cuarto de mi hijo y dejar todo en orden en el segundo piso. Prendo la aspiradora-robot (gran invento) y a las 8:15 am salimos todos juntos al tren, con maletas y loncheras volando (siempre olvidamos algo, siempre).

Dejo a mi esposo en la estación, dejo a mi hijo en la escuela, hago ejercicio y las diligencias de la casa (ir al supermercado y compras varias) regreso a casa y pongo a secar la ropa que estaba en la lavadora, me baño de nuevo, me siento a escribir, almuerzo, termino de limpiar el resto de la casa, escribo otro rato y/o trabajo en mis traducciones.

Salgo a las 3:20 pm y recojo a mi pequeño, vamos a clases, a la biblioteca o a jugar al parque, regresamos a la casa a las 5:00 pm y mientras él se cuelga de mi pantalón pidiéndome que me siente a su lado hago la comida para tres, limpio la cocina, de nuevo, y le doy de comer a la perra.

Comemos antes de las 6:00 pm y a las 6:30pm llega mi esposo, quien come solo mientras nosotros jugamos. Luego él se encarga de la rutina de la noche (baño, dientes, libros, canciones…). Yo abajo doblo la ropa, y me rio oyéndolos por el monitor, termino de recoger lo que quede por ahí, saco a la perra a la calle y sin darme cuenta ya son las 9:00 pm y tengo mucho sueño, pero debo trabajar si queda algo pendiente. A veces me acuesto temprano si puedo, a veces son las 11:00 pm y sigo en el computador. Me duermo…y apenas cierro los ojos suena la alarma otra vez.

Aquí  no hay abuela, no hay tía, nadie me ayuda a cocinar, nadie dobla la ropa (ya ni planchamos porque no hay caso, somos la familia arruga), no hay un jugo de naranja recién exprimido en la mesa. Si el piso está pegajoso porque unas manitas pequeñas regaron un plato de avena nosotros limpiamos y trapeamos. También podamos el césped y cortamos los arbustos.

Todo lo hacemos nosotros mismos.

Muchas de las cosas que describo arriba son mi elección. Bien podría dejar que mi hijo comiera el almuerzo que ofrece su guardería, y que mi esposo se comprara un sándwich cerca de su oficina, pero creo en que una dieta saludable le ayuda a uno a tener más energía.

O podría no limpiar la casa a diario, pero vivir en un sitio limpio y en orden me ayuda a tener su cabeza limpia y en orden. Podría no levantarme a las 5:00 am y hacer todo en menos tiempo y de afán, pero cuando me siento presionada de tiempo soy olvidadiza y me da mal genio, prefiero dormir menos y poder estar en silencio en mi tiempo, que es solo mío.

Podría también dejar a mi hijo en el colegio hasta las 5:00 pm y no jugar con él o llevarlo al parque y trabajar esas horas, pero mis recuerdos más felices son esos momentos con mi mama  cuando me llevaba a jugar o se sentaba conmigo a leer,  y quiero que mi hijo, que siento y veo aún pequeño, tenga eso para el resto de su vida.

Hay muchas partes de mi día que podrían ser más fáciles, yo lo sé, pero estando aquí sola, sin familia y sin mis queridas amigas con las que crecí, descubrí que soy buena haciendo nuevos amigos, que tengo una red de apoyo de amigos si la llegase a necesitar, que soy recursiva, ¡que cocino muy bien!, y que los días largos y llenos de tareas también son una manera de mostrarle a mi hijo que la disciplina y la ética de trabajo sí pagan.

Yo vivo con cansancio, a veces se me nota en la cara, pero no me quejo por un minuto porque estar aquí, así sea lejos de mi familia, es mi elección. Nadie me obligó a venir aquí, a quedarme aquí, a formar una familia aquí.

Mi rutina aquí no es fuera de lo común, mis tareas son la norma, la excepción es tener niñera y alguien que limpie la casa, la excepción es que los abuelos estén cerca o que las primas lleguen a ayudar cuando uno tiene gripa.

Tal vez por eso cuando mi familia nos visita son unos días tan felices porque son excepcionales en todo el sentido da la palabra, porque nos podemos sentar a comer todos juntos y no por turnos, porque nos sentimos apoyados y rodeados de amor, porque a veces encuentro un jugo de naranja en la mesa.

Agradezco todo lo que tengo aquí, somos felices. Pero ahora que escribo esto también me doy cuenta que hay que dejar ir y no buscar la perfección todo el tiempo. “La perfección es la enemiga de lo bueno”… hay que dejar ir y tomar una pausa, descansar un poco más. Después de todo aquí todo lo que cae al piso la perra lo recoge…así que puedo limpiar un poco menos y jugar con mi hijo un poco más.